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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

UN amigo entrañable que ha dedicado su vida a la natación platicaba que los resultados no serán muy diferentes a los de Londres 2012 y Río 2016, sino existe un verdadero proyecto que haga competitivo a nivel internacional. Desde hace casi 40 años ningún nadador mexicano ha logrado ser finalista olímpico, no obstante el potencial que tiene nuestro país, con personas que tienen la capacidad, inteligencia y experiencia de hacer un trabajo mucho más contundente y profesional.

Kiril Todorov, presidente de la Federación Mexicana de Natación tuvo la oportunidad histórica de desarrollar su deporte con un altísimo presupuesto los últimos ocho años que ha estado al frente del organismo ya que seríamos sede del Campeonato del Mundo.

Para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, de no tener un cambio sustancial en la organización, sólo se calificarán cuatro o cinco nadadores, probablemente dos con marca ‘A’ y no más que eso. Ante el panorama gris para la natación mexicana y aún con un trabajo sistemático que se hiciera sólo se podrían tener dos nadadores entre los mejores 25 y uno entre los mejores 16 del mundo como un primer paso en tan poco tiempo.

Desde ahora se podría iniciar con un programa con los mejores nadadores de 17 a 19 años, que comprende de una estrategia de fogueo internacional y concentraciones dos veces por año para hacer algún tipo de mejoras técnicas, aunque esto no cambia de fondo la natación mexicana. En esa euforia mundialista se contrató al entrenador de origen alemán Dirk Langle formador de los medallistas olímpicos Camerón Van der Burh y Sandra Volker. Se desarrollaron varios proyectos, entre ellos la creación de siete centros para reunir a los prospectos mundialistas. Empezó  todo muy bien, con muchas ganas, pero desgraciadamente no se le dio continuidad.

Ni las autoridades de la CONADE, la FMN, ni los Institutos se preocuparon por darle seguimiento al desarrollo de las actividades acuáticas. El mal que seguimos padeciendo desde hace muchos años es la falta de continuidad de cualquier proyecto, tenemos el mal de la inmediatez, como si no tuviéramos capacidad para proyectar a mediano y largo plazo.

Han pecado de esperar demasiado de las autoridades gubernamentales, los países que han logrado destacar no dependen de las instituciones y ahora se acentúa el problema con la falta de una sólida presencia de México ante la FINA.

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