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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

PRIMERA PARTE

Gustavo Osorio cumplió 50 años dentro de los clavados de México, primero como deportista y luego se convirtió en entrenador, gracias a las enseñanzas de Alberto Frías, en la Unidad Cuauhtémoc del IMSS. Desde entonces es historia viva de uno de los deportes de mayor éxito en nuestro país.

A sus 65 años, Gustavo colabora con Rodolfo Segura en la alberca de Tultitlán, en el Estado de México y además apoya a Jorge Carreón, en la Federación Mexicana de Natación, donde desarrollan un Programa Nacional de Clavados, de acuerdo a la experiencia que vivió en el Seguro Social.

Hace 15 años se jubiló del IMSS, todavía trabajó con Ernesto Canto hasta el 2008, pero a partir de la desaparición del alto rendimiento, el cobro de cuotas y otras situaciones borró un proyecto de los saltos ornamentales con dos décadas de trabajo sistemático de 1980 al 2000 en dicha institución.

El momento culminante de su carrera deportiva fue la medalla de bronce que obtuvo Jesús Mena, durante los Juegos Olímpicos de Seúl 88, un sueño que se hizo realidad como entrenador, en una actividad que inició a partir de una pinta de la secundaria con sus amigos, se metió  a la Unidad Cuauhtémoc de “contrabando” y  no sabía nadar.

Observó a los clavadistas Mario Luna, Toño González y Alberto Prieto, con una estatura  de 1.95 metros, quien también estuvo en el Centro Deportivo Israelita. Los siguió una o dos veces por semana hasta que un día, a sus 14 años, se acercó a ellos, el entonces adolescente.

Gustavo se dirigió al profesor Frías y le preguntó que si podía ingresar a la alberca.

En respuesta, lo mandó a sacar su credencial: “Era lo bonito del IMSS, yo no era asegurado y solo llevé dos fotografías y en la unidad le hicieron el examen médico y cumplí otros requisitos, me entregaron el documento de socio-alumno y ahí comenzó mi historia”.

El destino siempre tiene reservado grandes sorpresas y más al hacer lo que a uno le gusta: no es un sacrificio, es la vida misma, por eso cuando escucha Gustavo a deportistas expresar esos conceptos, considera que no son acordes a la realidad, porque, insistió, se hacen las cosas por el gusto, no se trata de una imposición.

El entrenador de tez morena, cabeza calva y ojos moriscos, aprendió a nadar y luego comenzó en los clavados hasta que sufrió una fractura, todavía se mantuvo dos años, pero no pudo continuar, fue entonces que el profesor Frías, lo invitó a ser su auxiliar, en una piscina que se convirtió en semillero de campeones.

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