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Olimpiónicos

  • Héctor Reyes

EL Velódromo Olímpico Agustín Melgar, declarado patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO, dejará de existir y su lugar será ocupado por el estadio que pretende construir el equipo Cruz Azul, segundo intento  del club por  ocupar un lugar dentro de la Ciudad Deportiva privatizada casi en su totalidad.

La junta de vecinos de la Jardín Balbuena, entrenadores y ciclistas que trabajan el histórico escenario que albergó los Juegos Olímpicos de México ’68 comenzaron a organizarse, para generar diferentes estrategias sociales y legales en contra de la demolición del escenario que ostenta 30 marcas mundiales.

Tal fue su fama, que se le considera Catedral Mundial del Ciclismo hasta que perdió su pista de madera africana y pasaron de moda los óvalos de 333.33 metros, para dar paso a otros de  menor perímetro y techados. Hace año y medio fue remodelado el Velódromo Olímpico con una inversión de 20 millones de pesos.

A decir del entrenador Alberto Miranda, la pista fue homologada por la Unión Ciclista Internacional y le devolvieron la distancia original, ya que administraciones pasadas cometieron una serie de “errores” al quitar la duela de madera y hacer una mole de cemento para salir del paso.

Todavía a finales del siglo XX albergó dos Copas del Mundo y un Guinness de la ciclista María del Carmen Muñiz, mejor conocida como la “Popis” al rodar 24 horas de manera continua, en 1997.

La Escuela Técnico – Deportiva de Ciclismo se ha mantenido con tres entrenadores y fue concesionada por la delegación la cancha a una empresa de tochito bandera; en algún tiempo era la sede de Promoción Deportiva  y de la Comisión de Box y Lucha del Distrito Federal.

La peor decisión que se tomó sobre las instalaciones olímpicas fue la que tomó  Andrés Manuel López Obrador, cuando era jefe de gobierno, al entregarlas a las delegaciones políticas, porque dejaron de tener mantenimiento y las capitalizaron en actividades no deportivas, dejaron de ser gratuitas y se empezó a cobrar el estacionamiento.

El inmueble esta protegido por el Instituto Nacional de Bellas Artes, catalogado como patrimonio artístico y aunque ha perdido su originalidad como todas las obras de restauración que se hacen en México – no se le puede tocar, alterar o modificar -, es el único espacio seguro para la práctica del ciclismo.

Aclaración:

En la columna del miércoles pasado sobre la situación del deporte en Colima, la comunidad deportiva no se declaró en contra de la iniciativa, sino que trabajaron para que se aprobara en el Congreso del Estado a través de la Comisión de Estudios Legislativos y Puntos Constitucionales y la Comisión de Deporte y Fomento del Sano Esparcimiento.
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