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Oportunismo || Jesús Michel Narváez || Punto de Vista ||

  • Jesús Michel

Hace cinco días se hizo la advertencia: viene Patricia y pasó de tormenta tropical a huracán categoría 2. Unas horas después, se anunciaba: “ya es 3”. Ello propició que se encendieran las alertas y que con el correr del tiempo, fueran pasando de ámbar a rojo fosforescente y se activaran, ahora sí, los protocolos de
prevención.

Llamadas desde aquí y recepciones allá. Todo mundo abandonó sus horarios burocráticos y se puso a trabajar en lo que le correspondía. Había que hacerle frente al metéoro con las únicas armas con que cuentan los humanos: la organización, la disciplina, la búsqueda del sitio seguro.

En Colima y en el PAN celebraban la anulación de los comicios de los que emergió triunfador el abanderado del PRI Ignacio Peralta. Cuando Ricardo Anaya y Jorge Luis Preciado supieron del fallo exclamaron: “hay justicia divina”.

Mientras celebraban, Patricia avanzaba y pasaba de 3 a 4 y de 4 a 5 y de 5 al infinito, porque ya no se podía medir su fuerza, su velocidad, sus vientos. Jorge Luis Preciado seguía en la fiesta y aprovechaba cualquier resquicio en informativos de radio y televisión para hablar de su “victoria”.

Pero ayer, en un acto de oportunismo político, decidió hacerse presente en el evento que Peña Nieto encabezaba. No fue a Manzanillo. Se fue a El Paraíso. Era el momento oportuno para saludar al Jefe del Ejecutivo. Buscó saludarlo. Lo hizo. Y ahí escuchó: “yo voy a llevar la reconstrucción… la política no me toca”, le dijo el Presidente.

¿Dónde andaba Preciado hace tres días?… ¡En la fiesta!

/rp