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Orgullosos de sentirnos mexicanos

  • Camilo Kawage

1.- Tal vez el mundo no tenga que vivir estremecido sin  cesar ante cada desbarre delirante del megalómano más estridente de la época. Cuando reparemos que todos sus actos tienen el propósito único de hacer temblar a todos los que están justo en espera de sus dislates, cuando ponderemos la verdadera intrascendencia de sus acometidas, le bajaremos a su pantomima y al electroshock que él mismo se provoca. Si nadie ignora, sus contrariados asesores (salvo el rasputin y su yerno), ni dos tercios de sus gobernados, ni el mundo entero la seriedad del Acuerdo de París que ha repudiado, ni los jefes de la industria ni los barones de la tecnología endosan el desplante, ha de ser que el resto del planeta no está tan equivocado pero, en especial, que no ha de ser tan fatal su desdén.

2.- Entre las incontables respuestas a su reciente esférico ridículo tuvo dos notables. El recién desenvuelto presidente de Francia aprovechó para mostrarse en estadista, en un desusado mensaje público en inglés invitó a todos los científicos, a los expertos y emprendedores ajenos a la decisión a encontrar en su país una segunda casa y seguir ahí su trabajo para mejorar el ambiente y detener la degradación de la tierra. Antes de la ya famosa frase que hagamos al planeta grande otra vez, Macron provocó lo inaudito, según el prestigiado “Le Point”, a los franceses sentirse orgullosos de ser franceses.

3.- Sin tanta elegancia y con menos difusión, al fabricado dicho del mercader de que fue electo para representar a los ciudadanos de Pittsburgh y no a los de París, justo el alcalde de la otrora meca acerera de Pennsylvania le contestó que Pittsburgh está por el Acuerdo de París, por el medio ambiente y por el futuro y le recordó que su ciudad no votó por él para presidente sino, justamente, por la señora Clinton. Los propios trabajadores del carbón, industria casi desaparecida a la que dijo defender, le mofaron la pifia.

4.- Dispersa en el fogonazo global que produjo el anuncio del Rose Garden, tintinea la inusual expresión de la revista francesa, porque entre nosotros hace mucho que no nos sentimos orgullosos de ser mexicanos, sobre todo con la selección de incompetencias que, de unas campañas donde el denominador común ha sido la confrontación entre vacíos y el derroche de una exorbitante falta de talento, de inspiración y de pasión por México, cuatro estados eligen gobernador y autoridades locales y cuyo resultado apunta a un solo ganador absoluto, en la persona del más cínico, tramposo y refractario aspirante a imán irreductible del país. Ya se apresura Maduro a cantar la victoria continental al más puro estilo libertador.

5.- No es difícil avanzar el pronóstico para mañana, y la definición de ganadores alterará sólo el tono de la reacción. Si el decidor gana el Estado de México, la democracia será perfecta, el árbitro electoral impoluto y el pueblo obtendrá su misericordia, con el extra de que él descenderá a dirigir el destino de 16 millones de mexicanos que tendrán la bendición suprema de vivir bajo su yugo. Si no gana, la mafia del poder le tejió un compló, le arrebató el boicó y puros cerdos indignos le robaron el poder. A olvidarse del Paseo Tollocan por unos ocho meses y prepararse para todas las maldiciones providenciales, relámpagos y estruendos y la furia de Tezcatlipoca.

6.- Vaya vanguardia la nuestra, por adelantado nuestra democracia anuncia su propio precipicio. Podemos estar seguros que con candidatos como ésos, por lo pronto no tendremos los mexicanos razones de sobra para sentirnos orgullosos de ser mexicanos.

camilo@kawage.com