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Otro verano

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Lorena Avelar

Ya está aquí, en este matinal despertar que me sofoca. Los muslos se empiezan a pegar por la humedad del intenso calor que se dispersa por la ciudad mediterránea. Es agradable sentir el frenesí majestuoso del verano. El mar que arremolina sus caderas y la diminuta ventisca que levanta la
arena.

Otro verano, otro irrepetible y fascinante estío. El sol se cuela por la soledad de las ventanas y las sombras suspiran sobrevolando el alma. En las calles, portales y playas, reverberan las risas, los propósitos imposibles, las edulcoradas palabras y el eco de la realidad me devuelve, a jirones, la esperanza. En la cocina reposan los vasos, plenos de refrescantes bebidas y metáforas. Las sábanas sobran y se amontonan en un rincón de la cama.

Despliega su furia el verano, el sol achicharra la tierra en esta tarde que sangra y en su semblante el fulgor transforma en luna la palidez de su aura. Ante mi se abre un camino de amaneceres azules con blancos lunares. Crepúsculos que se alargan hasta elevar las lágrimas. Gaviotas que explayan su libertad, logrando que ambicionemos, como nunca, la alegre insurrección de unas alas.

Regresa julio perturbando mis sentidos, adormilados. Trae aromas de mar, murmullos de apacibles olas, suspiros de brisa jugando entre arenas y mareas… Retratos en sepia, que se despliegan en la memoria, soliviantando la paz de las pupilas. Nace y muere abril. Inicia y cancela hojas en el calendario, mientras una página perdura indeleble en su inmarcesible
transitar.

Reminiscencias de otros veranos, sobrados de noches, que inevitablemente se conjugan con éste, tan lleno de estrellas. Ha llegado otro verano y con Pasos de diamantina me pierdo en su plenitud tomada de su mano.