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Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

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Ayer, viernes 13 de mayo, la UNAM entregó los lineamientos de su desarrollo durante la rectoría de Enrique Graue. Se realizarán quinientos ochenta proyectos docentes, de investigación pura y aplicada, de difusión de la cultura y se implantarán 119 lineamientos de relaciones académicas, de enseñanza superior y de posgrados, de administración académica y laboral y de convivencia entre los más de 400 mil estudiantes, profesores, investigadores, trabajadores administrativos y de mantenimiento que convergen cada día en los dos campos de la Ciudad Universitaria, y los extendidos planteles de la Escuela Nacional situados en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de México. Están incluidos en los lineamientos y proyectos los centros de investigación y docencia de la UNAM que operan en ciudades de la República. Es en rigor un plan de perfeccionamiento y cuidadoso desarrollo institucional de laenseñanza superior, la investigación pura y aplicada y la difusión de la cultura que distinguen en el mundo a la universidad mexicana, la primera que se fundara en este continente.

También entregó la UNAM, rigurosamente auditado, su ejercicio presupuestal correspondiente a los 12 meses anteriores. Tanto su Plan de Desarrollo como su ejercicio presupuestal son ejemplos del riguroso cumplimiento de obligaciones financieras y escolares que la UNAM da a conocer a propios y extraños.

La UNAM no solo es una ejemplar institución universitaria. Es un modelo a seguir de eficacia institucional, abierta a la observación crítica de nación mexicana, es decir; de aquellos que la ven como su alma mater, y de quienes la ven ajena. La UNAM ha merecido el beneplácito de quienes la sostienen: los contribuyentes, desde los que no ganan sino dos salarios mínimos o los profesionales quienes con su preparación que deben a la UNAM desempeñan tareas y cumplen obligaciones con la ética que asimilaran en las aulas.

No ha sido fácil para la Universidad mexicana su vida de relación. Tuvo que superar su paso de Pontificia, hacia Nacional, cuando Justo Sierra, su refundador, explicara que “la Universidad Nacional no tenía abuelos… tiene antecesores… Y el claustro de la Real y Pontificia no es para nosotros el antepasado: es el pasado… lo recordamos con interés destituido de emoción”.

La UNAM y las universidades mexicanas de los Estados de la República y aún las privadas, nacidas todas como producto de los desinteresados esfuerzos de profesores que egresaron de la Nacional, son organismos intelectuales críticos, precursores de nuevas ideas, renovadores de la inteligencia de la heterogénea nación mexicana.

Conviene recordar que la Reforma de la Educación superior, integral, eficaz, anticipadora de los graves problemas que México habría de enfrentar durante el siglo XXI, se inició durante la Rectoría de Javier Barros Sierra cuyo Secretario General fuera Fernando Solana. Y a partir de esa lúcida tarea, dio comienzo en 1971 la gran reforma educativa que diseñó Víctor Bravo Ahuja auxiliado por un eficaz grupo de egresados de la UNAM, del Instituto Politécnico Nacional, de las escuelas normales de maestros y de la Escuela Normal Superior, auxiliados por los Institutos de Investigación Superior de la UNAM y del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN. La reforma educativa 71-76, la continuó y mejoró Fernando Solana desde la Secretaría de Educación a partir de 1978.

Una reforma de la educación de sostenimiento federal requiere del aporte integral universitario, politécnico, normalista de maestros de primaria y superior. Ya está demostrado.