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Falta

  • Pablo Marentes

El proceso de mimetismo que un hábil empresario de la construcción comenzó a experimentar a partir de la Toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789, evidencia la capacidad de los seres humanos, -inteligentes y destacados en cualquier menester que afecta a la sociedad-, de adaptarse y adoptar los comportamientos que los mantendrá en los lugares privilegiados de cómoda subordinación en actividades asalariadas dentro de una atmósfera empresarial, que han venido ocupando a lo largo de las diversas etapas de cambio, que comienzan a sucederse a partir del ocaso y desaparición de la sociedad feudal.

El hábil empresario de la construcción, protagonista de ese comportamiento modélico, prototípico, es Pierre Francois Palloy. Él mismo se identificaría como “El Patriota Palloy”. Poseído de fervor revolucionario, él fue uno de los cientos que treparon los húmedos escalones hacia las torres de la ignominiosa prisión y desde la cúspide vio que las turbas humanas evidenciaban un irreprimible deseo de derrumbar, reducir a escombros la temible prisión. El momento histórico lo inoculó. Se decidió a ser parte de él. Luego sintió que podía ser quien lo dirigiera y disfrutara su culminación.

El día 15 llegó acompañado de un numeroso grupo de trabajadores. Y comenzó, en serio, la demolición. Entonces pensó que le sería conveniente, y lucrativo, solicitar la autorización –ahora se llama concesión-, negocio por el cual la Administración Pública cede a una persona facultades de uso privativo de un bien público para un servicio, durante un plazo determinado bajo ciertas condiciones de beneficio mutuo. La primera concesión a un empresario de la Revolución Francesa fue la demolición, y la utilización de los materiales para venderlos o transformarlos en bienes útiles nuevamente. Algunos llamarían a Palloy un oportunista. Otros lo reconocerían como un hombre de superior inteligencia para concertar actividades transformadoras e innovadoras revolucionarias.

Después de la ola de reorganizaciones tácticas militares, burocráticas, jurídicas, educativas y de atención médica para los inválidos, Napoleón Bonaparte, transcurrido el consulado, el proconsulado, el consulado vitalicio de 1802, que eliminó la oposición parlamentaria, se coronó en 1804 Emperador de los franceses. Y llamó de nuevo a la burocracia de los Borbones para que le ayudaran a reorganizar la administración pública.  La Revolución se adoptó a las antiguas concesiones públicas y en lo oscurito, que pusieron de moda los Borbones hasta que la guillotina terminó con Luis XVI.

Antes, en 1649 Cromwell, al término de la revolución inglesa,sometió a juicio ante una Suprema Corte al Rey Carlos I, la cual ordenó su decapitación.

A lo largo de revoluciones y cambios súbitos de organización política, ninguna de las dos partes en pugna, los gobernantes que primero fueron asalariados privilegiados de las empresas y los gobernados –los asalariados de los trabajos temporales de limpieza, de trabajo doméstico, o de explotación de la tierra en la superficie o en sus profundidades-, han llegado a acuerdos perdurables. Los gobiernos cuyos miembros han provenido de los grupos de asalariados no privilegiados, han sido de corta duración. Les hace falta a los privilegiados, que constituyen la mayoría de los gobiernos nacionales perdurables a partir de las dos primeras décadas del siglo XX, conocer un poquito de la historia de desencuentros entre sus antepasados. Les hace falta educación y formación proveniente del conocimiento de la historia.