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Paciencia infinita trae resultados inmediatos | La Palabra Mágica | Terry Guindi

  • Palabra: Terry Guindi

La primera vez que escuché esta frase fue en un seminario al que asistí que impartía el doctor Deepak Chopra.

En ese momento me pareció una frase trivial y con poco fondo.

¿Qué tiene que ver la paciencia con la vida, con el andar, y sobre todo, con los decretos y la Ley de atracción, me cuestioné en ese entonces?

Hoy que vivimos de manera tan impaciente, en un mundo tan apresurado estoy convencida que el maestro tenía toda la razón.

Nos hemos convertido en una sociedad que intenta resolver rápido y fácil, si en el momento algo deja de darnos el resultado deseado comúnmente nos provoca angustia.

Como bien define la Ley de atracción: el igual atrae a su igual y en varias ocasiones con más intensidad.

Si nos angustiamos y perdemos la paciencia, lo único que obtendremos es aumentar ese sentimiento y esto se manifestará en frustración.

LA PACIENCIA y la perseverancia son secretos útiles en cualquier momento.

LA PACIENCIA y la perseverancia son secretos útiles en cualquier momento.

Compartiré contigo un ejemplo para recordar constantemente esto, te permitirá hacer la pausa conveniente, sentirte seguro de que todo tiene un compás armónico que poco se gana tratando de apresurar eventos y situaciones; te debes enfocar en tus deseos sin aferrarte y permitiendo que fluyan. Cuando plantas una semilla para que crezca un tomate y la arrancas a destiempo para comértelo, ¿qué ocurre? Está inmaduro y sabe mal. Otro ejemplo se encuentra en una leyenda etíope; cuenta la historia de un hombre y de una mujer, ambos viudos, todavía jóvenes; que se enamoraron y casaron. La alegría de la mujer fue grande cuando se fue a vivir a la casa de su amado, especialmente porque él tenía un hijo, lo que ella siempre había deseado. El niño todavía lloraba la muerte reciente de su madre y se mostraba hostil con su madrastra, rechazándola.

Transcurrido un tiempo, la mujer decepcionada y triste, fue a buscar la ayuda de un hechicero.

-¡Por favor, prepárame una poción de amor para que mi hijastro me quiera!-

– Bien- le contestó el hechicero- pero los ingredientes son muy difíciles de obtener. Debes traerme tres pelos del bigote de un león vivo.

La mujer  le contestó que eso era imposible, que sería devorada, el brujo insistió en que era la única forma.

Con el nuevo día, tomó un recipiente con mucha comida y se dirigió a un lugar donde vivía un león. Y esperó. Pasado un tiempo, lo vio venir. A oír su rugido, dejó caer la comida y salió corriendo. Al día siguiente, fue otra vez a la morada del león con más comida, esperó a que apareciera y se la dejó antes de irse. Cada día le dejaba más cerca el alimento
esperando un poco más antes de irse.

En una ocasión decidió quedarse, observando al león comiendo, la carne mirándole a los ojos desde la distancia, al cabo de un tiempo, se acercó tanto que podía olerlo. Cada vez le decía palabras suaves. Después de mucho, mucho tiempo, ya podía quedarse cerca de él mientras comía.

Llegó el momento en que el león se mostraba tranquilo en su presencia y dejaba que le acariciase su pelaje, ronroneando feliz. La joven mujer decidió que entonces podía cumplir con su propósito. Mientras acariciaba la espalda y la cabeza de la bestia, hablándole suavemente, tomó tres pelos de su bigote sin que lo notara.

-Aquí los tienes, te he traído los pelos de un león vivo y se los dio al hechicero.

El hechicero sonriendo mientras examinaba los tres pelos, los tiró al fuego.

-¿Qué has hecho, sabes lo difícil que fue conseguirlos? Me ha llevado meses ganarme la confianza del león.

-¿De verdad crees que el amor y la confianza de un niño pueden ser más difíciles que la confianza del animal?- le contestó.- Vete a casa y piensa lo que has logrado.

La mujer comprendió y reconoció su hazaña.

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Twitter@TerryGuindi

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