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Pájaros inalámbricos

  • Pedro Peñaloza

1. Estalló lo evidente. Defensores de derechos humanos, periodistas y ONG de México han sido afectados por un avanzado programa de espionaje adquirido por el gobierno mexicano que, en teoría, solo debe ser utilizado para investigar a criminales y terroristas.

Entre los objetivos de dicho programa se encuentran específicamente, abogados que defensores de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, un economista que ayudó a redactar un proyecto de ley anticorrupción, dos periodistas influyentes en la llamada opinión pública y una estadounidense que representa a víctimas de abusos sexuales cometidos por la policía.

Ante ello, los afectados presentaron una denuncia ante la PGR por espionaje y otros delitos, por lo que demandaron una investigación inmediata e “independiente”. Asimismo, solicitaron medidas cautelares a la CNDH y dieron aviso a organismos internacionales de defensa de garantías fundamentales.

Por su parte, el gobierno de México rechazó que haya realizado actos de espionaje en contra de periodistas y activistas defensores de derechos humanos, como publicó el diario estadounidense The New York Times y, exhortó a quienes “pudieran ser víctimas” de dichas acciones, a que denuncien los hechos en la PGR. Nótese el humor negro y cruel.

2. Contextos y pretextos. Es evidente que las condiciones sociopolíticas por las que atraviesa el país son propicias para desatar todo tipo de campañas abiertas y subterráneas. La presencia extendida y dominante de la delincuencia organizada, la creciente polarización política, la irritación social, la corrupción, impunidades sin límite y como centro de todos los problemas la desigualdad social, representan las asignaturas no resueltas por una clase política torpe y atrabiliaria.

La notable desaparición de miles de ciudadanos y el asesinato de periodistas dibujan un cuadro de ingobernabilidad no visto en el pasado reciente. Es de llamar la reiterada actitud del grupo político hegemónico, que no asoma un gramo de autocrítica.

3. Entre soplones y softwares. El espionaje es parte consustancial del poder, se busca tener información de muchas fuentes, es una pieza del ajedrez de la dominación. Los viejos métodos no han desparecido, la nube de informantes y “orejas” siguen pululando por todos lados, las intervenciones telefónicas a la “antigua” se mantienen, sin embargo, la toma de decisiones de la clase política dominante requiere de otra calidad de la información, que sea rápida, eficaz y manejable. La imposibilidad de recurrir al poder judicial para que autorice las intervenciones privadas de quienes no tienen expediente criminal hace más grotesca la ofensiva gubernamental. El hallazgo reciente, aunque tampoco era un secreto, implica una exhibición que no le agrada a la burocracia oficial. Por aquello del pudor de los cínicos.

4. El futuro de la denuncia. Nadie espera que la PGR llame a declarar a los titulares del Cisen, la Defensa o al propio procurador, no porque no proceda jurídicamente, puesto que usaron dinero público para la compra del equipo de intervención (se calcula que el costo fue de 80 millones de dólares), sino por la estructura vertical del poder político en México, donde el Ministerio Público Federal, hasta ahora, es empleado del titular del ejecutivo.

Epílogo. Los tiempos que vivimos están marcados por la incertidumbre y la administración del miedo. La clase política dominante ya no puede ofrecer aquellos “igualadores sociales” del añejo Estado de bienestar. El Capitalismo, en su fase especulativa, no admite esas “pérdidas”. Lo que sí tiene la alta burocracia política es recursos financieros y otros instrumentos ya usados en el pasado para intimidar, perseguir y reprimir, todo se vale para conservar el poder. Que nadie lo dude y a eso hay que atenernos.

pedropenaloza@yahoo.com/@pedro_penaloz