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Panorama electoral 2018 (X)

  • Joaquín Narro Lobo

El día de ayer comenzó la penúltima etapa del actual gobierno. Con los resultados electorales, ha iniciado la preparación de la sucesión que llevará a la selección de las y los candidatos presidenciales, la negociación interna de los partidos entre sus principales grupos de poder, la integración de estrategias de campaña, la formulación de listas de posibles candidatos a los distintos cargos de elección popular, el despliegue de los aparatos partidistas en el territorio nacional para convencer al electorado, así como la celebración de la elección federal y diversas locales el primer domingo de julio del próximo año.

Una vez resuelto lo anterior, la administración del presidente Enrique Peña Nieto comenzará el tramo final de la transición entre los equipos saliente y entrante. Debido a la dinámica con la que nuestro sistema funciona, es complicado que a partir de este momento lo político-electoral deje de ser la única dimensión en la que los distintos actores deseen participar. Ni lo económico, ni lo social, ni lo puramente político volverán a ser prioridad para la mayoría de quienes forman parte del tablero del poder público en el país. El nombre del juego es, desde ayer, 2018 y la sucesión en el poder.

El balance que se puede hacer es múltiple a partir del lugar desde el que se miren los resultados en Coahuila, Nayarit, Veracruz y sobre todo, el Estado de México. Por la forma en que los resultados se presentaron, los conflictos post electorales deberán resolverse a lo largo de las próximas semanas para determinar con exactitud qué corresponde a cada quien y cuántas y cuáles son las fichas políticas con las que cada partido político contará para la elección venidera. Sin embargo, a continuación, presentamos el balance de esta Razón de Estado.

Pareciera que tanto en el Estado de México como en Coahuila vendrán conflictos postelectorales de dimensiones relevantes. En el primero caso, es complicado imaginar que Morena y su líder nacional permanecerán estáticos ante un margen de diferencia tan estrecho como el que las cifras preliminares mostraron. Con los antecedentes de 2006, la batalla en los tribunales será distrito por distrito, sección por sección, casilla por casilla, voto por voto, calle por calle, plaza por plaza y colonia por colonia. En Coahuila es probable que algo similar suceda, aunque en este caso es previsible que las impugnaciones se constriñan a lo jurídico y que lo político y sus efectos –como la movilización social– se queden guardados.

Ayer comenzó el juego de la sucesión y en el tablero el PRI y el PAN parecieran tener las mejores fichas. Por otra parte, Morena cuenta con el político más popular y controversial de todo el siglo XXI y el discurso de la esperanza y la ruptura con una cultura política caduca. El PRD salió de la agonía en la que muchos lo colocaban y ha pasado a terapia intermedia. Finalmente, sumadas al segundo lugar en número de ayuntamientos obtenidos en Veracruz, las victorias provisionales en Coahuila y Estado de México dan al PRI el impulso que requería para recordarle a muchos que el viejo partido no está muerto. ¿Cuál de los partidos habrá aprendido de mejor manera la lección? A partir de hoy nos iremos dando cuenta de ello.

joaquin.narro@gmail.com

@JoaquinNarro