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Panorama electoral (XI)

  • Joaquín Narro Lobo

Ha comenzado la lucha por la sucesión presidencial y los distintos partidos y actores políticos están ocupados en posicionarse lo mejor posible de cara a la contienda de julio de 2018. Con gran visibilidad en todos los casos, excepto en el PRI, los aspirantes a convertirse en candidata y candidatos viajan por todo el país, se promueven a través redes sociales y buscan cualquier motivo para hacerse notar. Al margen de falta de regulación por aún no haber iniciado formalmente la campaña, están en su lógica de construcción de base social y consolidación de apoyos cupulares.

Empero, es extraño que, en la construcción de sus candidaturas, el PRI y el PAN parecen haberse olvidado de la elección que tendrá la segunda entidad con mayor padrón electoral, solo detrás del Estado de México: la Ciudad de México. En el caso del PRD, pareciera que las y los tiradores a dicha nominación son demasiados y aún no se animan a manifestar abiertamente sus intenciones para, poco a poco, decantar a quienes verdaderamente tendrán alguna oportunidad de pelear por la nominación. Finalmente, en Morena, el partido más vertical de todos, pareciera existir, por su propia naturaleza, mayor control de la que será, solo después de la presidencial, la elección más interesante por lo que se refiere a importancia política y cantidad de votos.

De acuerdo con la geometría política y la aritmética electoral, el partido a vencer en la elección capitalina será Morena. La fuerza que le da tener el control de cinco delegaciones y varias diputaciones locales, así como la capacidad de movilización en buena parte del territorio local, colocan a Morena como el principal aspirante a alcanzar la Jefatura de gobierno el próximo año. Sin embargo, y si diéramos esto por descontado, lo relevante para los partidos no solo es el triunfo local, sino qué tantos votos pueden sumar para la causa principal, esto es, para la elección presidencial.

Si tomamos como ciertas la mayoría de las encuestas que hoy colocan al PRI y al PAN como los partidos que, junto con Morena, pueden ser competitivos en la elección presidencial, aquellos deberían de voltear a ver a la Ciudad de México con más interés. En caso de un resultado apretado, los votos capitalinos pudieran ser la diferencia entre alcanzar el poder o marginarse al nada honroso papel de convertirse en la oposición. En este panorama –imposible pensar que PAN y PRI no lo hayan visto– no se entiende la pasividad para comenzar a posicionar a sus candidatos. Del PAN, imposible imaginar a los tres más visibles aceptando la candidatura local como premio de consolación. En el PRI pareciera ser un caso similar, cuando menos entre los más serios aspirantes.

Si quieren ser verdaderos aspirantes a la Presidencia de la República en 2018, PAN y PRI deben comenzar cuanto antes la preparación de la elección en la Ciudad de México. Es casi imposible que alguno de estos partidos gane la Jefatura de Gobierno, pero los votos que puedan obtener para la causa presidencial pueden ser la diferencia entre gobernar los siguientes seis años o ser relegados por Morena y su inminente candidato, Andrés Manuel López Obrador. El panorama electoral no puede ser visto solo desde la óptica nacional. En él, lo local cuenta y mucho.

joaquin.narro@gmail.com

@JoaquinNarro