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Panorama electoral (XII)

  • Joaquín Narro Lobo

En lo particular, creo que las alianzas en política son vitales no solo porque suman fuerza electoral, sino sobre todo porque conjugan visiones sobre lo que se busca para una nación. Los partidos políticos son, en esencia, una alianza de distintas visiones coincidentes sobre temas específicos. Las candidaturas que este tipo de asociaciones promueven o incluso las de ciudadanos ajenos a estas últimas son, a final de cuentas, alianzas entre distintos factores y actores del poder.

En sistemas electorales como el mexicano en el que la segunda vuelta no existe, las alianzas son un mecanismo para amalgamar la mayor cantidad posible de intereses en torno a una candidatura. Así, el actual presidente de la República no llegó propuesto y apoyado por un solo partido, como en el momento de la alternancia política en el año 2000, Vicente Fox tampoco se alzó con la victoria únicamente con el respaldo del PAN. En los últimos tiempos es difícil encontrar que candidatos apoyados únicamente por un partido alcancen el triunfo en diputaciones, alcaldías, senadurías, gubernaturas o incluso la Presidencia de la República.

Sin embargo, a pesar de las virtudes que puedan tener las alianzas electorales, es necesario tener cuidado con las mismas. Las alianzas no deben de ser un mero mecanismo de suma aritmética de votos, sino principalmente oportunidades para conformar programas de gobierno y visiones de nación coincidentes con el mayor número de personas posibles. Por ello, resultan curiosos los recientes anuncios que dos de los más importantes partidos políticos han realizado y en el que anuncian que, a partir de ahora, comenzarán a trabajar en la conformación de un “Frente Amplio Democrático”. ¿PAN y PRD trabajando por una alianza a la Presidencia de la
República?

Me parece que las diferencias ideológicas y de visión sobre cuestiones fundamentales son claras, cuando se contrastan los principios básicos de ambos partidos. Acción Nacional, un partido basado en el humanismo y con orígenes cercanos a la Iglesia Católica y el PRD, un partido surgido a partir de la lucha democrática de los grupos de izquierda que encontraron en escisiones del PRI su oportunidad para nacer al mundo de la política electoral con mayores posibilidades de triunfo. En el origen, ambos partidos no podrían encontrarse más distantes uno del otro.

Pero si vamos a los hechos más recientes y relevantes, como lo fue la elección en el Estado de México, podemos confirmar las grandes y hondas diferencias que separan a un partido de otro. ¿Qué nos hace suponer que ambos institutos políticos son capaces de dejar de lado sus principios, en aras de conformar una alianza electoral que tenga claridad sobre un proyecto de gobierno y de país? Desde la opinión de quien esto escribe, nada. Más aún, pareciera que lo único que motiva a ambos partidos a buscar una alianza es su rechazo al partido que actualmente nos gobierna. ¿Es deseable una alianza construida desde la única lógica del rechazo a otra opción política? Desde la subjetividad del autor de estas líneas, no.

Ojalá que las alianzas que puedan venir de cara a las próximas elecciones están basadas en la coincidencia de ideas, valores, principios y proyectos y no en el simple rechazo a lo que hoy tenemos. Por el bien del país, deseo que así sea.