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Papa Francisco: Que no gane el reino de muerte, terror y horror… / Ma. Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Roma

Las imágenes de los hermanos suicidas en su mortales y últimos segundos de vida antes de explotar las bombas que traían adheridas a su cuerpo, causan escalofríos por la frialdad con las que esos dos hombres y un tercero más se encaminaban con su carga a terminar con las vidas de decenas…

Me hace pensar de inmediato en los aterradores detalles al ver las manos de ambos, una con el guante que escondía el detonador de su carga y la otra sin nada, empujando el carro de equipaje.

¿Cómo podían ir a la muerte con semejante tranquilidad? ¿Cómo no tener remordimiento por el dolor que iban a provocar?

Nadie puede responder en lo que seguramente no pensaron los hermanos en su camino hoy descifrado por las cámaras de seguridad que en cuestión de horas les identificaron.

Pienso en todo eso, mientras estoy lidiando con el aire helado de la Plaza de San Pedro en medio de la audiencia papal de miércoles de Semana Santa. Mis pensamientos se cortan de pronto al escuchar a Francisco pedir una oración por los muertos y por sus familias.

“Que no gane –dijo- el reino de muerte, horror y terror que nos amedrenta.”

Antes en el mensaje había dicho: “perdónalos señor que no saben lo que hacen” parafraseando la súplica de Jesús de Nazareth en la cruz del calvario cuando pedía compasión por quienes le estaban matando.De inmediato mi mente voló hasta las imágenes de los hermanos terroristas suicidas que han dado la vuelta al mundo.

¿Acaso se pidieron perdón por terminar con sus vidas y las de otros? Imagino que tampoco.

Por lo pronto, aquí en Italia y en El Vaticano las primeras consecuencias se han hecho sentir…

Vi una madre con un niño que ilusionado traía a la audiencia un enorme huevo de pascua hecho de chocolate para entregárselo al Papa, -tendrían lugar privilegiado- donde casi siempre el Papa Francisco acostumbra con especial cariño hablar con los niños…

“Estaba ilusionado con dárselo a Francisco personalmente, y ahora el niño es todo llanto porque no solo no podrá hacerlo, sino que se lo quitaron y se lo llevaron para tirarlo. No teníamos cerca a nadie que viniera a buscarlo y terminó en la basura. Todo por culpa de los terroristas. Lo que hasta hace una semana era aceptado, desde el día de los atentados en Bruselas ahora nos va quitando más y más lo que podemos hacer en nuestra vida diaria”.

Observo a la mujer, que es solo una de un coro de lamentos.

“No hay que olvidar –me dice una peregrina mexicana- que han amenazado directamente a Francisco a quien consideran un hereje. Eso nos amedrenta a todos los que venimos a la Plaza de San Pedro”. La mexicana no es la única en sentir eso. Increíblemente, por primera vez en muchos años, quizá tres por lo menos, me dice alguien, que la Plaza se ve vacía.

“Eso es producto de lo que dejamos de hacer por miedo a un ataque terrorista. Esa gente habla y actúa en serio y no se detiene ante nadie. Pero hemos rogado que Dios nos proteja y seguramente que lo hará”.

Pienso en una madre belga con un niño ensangrentado en brazos afuera de la terminal del Metro de Maalbeck en Bruselas… “Sabían lo que estaban haciendo al poner explosivos aquí: causarían terror porque a esta hora, los vagones transportan en un 85 por ciento, solo madres con sus hijos en camino a la escuela. Lo han logrado. No sé si pueda volver al Metro”.

Ese es el mundo del terror que gana su cometido cuando logran destruir lo que hemos construido como seres humanos. No sabemos de qué manera ganarle al reino de horror, terror y muerte, del que habló el Papa Francisco. Sera difícil por ahora, tener una Pascua en paz.