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“Para qué tengo que seguir lidiando”… / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

“Con este toro”. ¡Menudo matador!: en vista de que no podía con la faena, decidió mandarlo vivo a los corrales. La inaudita declaración de incapacidad, salió de la boca del gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega.

Lo dijo en julio, cuando denunció que había un “boquete” de dos mil millones de pesos, en las finanzas estatales, lo que ponía a la entidad al borde de la quiebra. Mejor tiraba el capote y pedía que se adelantara la toma de posesión del ya electo, Héctor Astudillo.

De origen “académico” (dudo de sus cualidades en ese campo, tras de ver la tragicomedia de su gestión), dicen que era capaz de lo que fuera, por llegar a la silla embrujada. A saber quién fue el “sabio” que lo consideró competente, para suceder al renunciadito Ángel Aguirre, a raíz de la tragedia de Ayotzinapa.

Recién lo nombraron, ajeno a la Constitución y a la investidura de Ejecutivo de un Estado, servil manifestó estar a las órdenes de Peña Nieto. El mensaje lacayuno dejó de una pieza a un PRD, desahuciado por sus nexos con el igualteco, José Luis Abarca. Cuando quienes entronizaron al munícipe, presuntamente ligado a la desaparición de los normalistas, intentaban lavarse las manos, apareció Ortega como un efebo incondicional al tlatoani.

De entonces a la fecha, el “intento de político” solo da bandazos. Ni controló a la disidencia magisterial, ni aportó a la investigación del drama de los jóvenes, ni pudo con la inseguridad. En resumidas cuentas, cero patatero.

A menos de una semana de “liberarse” del cargo, que jamás debió ocupar, se encara con el reluciente Secretario de Educación, porque él sí va a pagarles el día, a los mentores que no se presentaron a las aulas el 12 de octubre. Dice adiós con un desplante propio, de un mequetrefe al que le tiemblan las piernas. Tendrá miedo de que la CETEG (Disidencia magisterial guerrerense) tome represalias en su contra, cuando vuelva a ser un hijo de vecino.

Triste suerte la de los guerrerenses, en manos de castas divinas, como para aullar. Sale uno por negligente, corrupto e inútil para solucionar la problemática y llega otro peor, incapaz y de pocos pantalones. Le dejan el tiradero al que sigue, quien tampoco se ve con tamaños para lidiar al Miura.

El priísta Astudillo jurará el próximo 26. No le arriendo la ganancia, aunque presuma de ser plantado. El pasado sábado podía haber sido su velorio. Balearon un bar pegado al restaurante en el que cenaba con su esposa, en Acapulco. Hirieron a dos de sus escoltas.

Se especuló que había sido un atentado: lo desmintió. Mal empieza. Si fue una advertencia de cualquiera de los tantos grupos de malosos, grave. Si fue otra cuestión, igual de negativo.

Los intentos para recuperar el turismo acapulqueño se hacen añicos. La carretera del Sol sigue siendo el juguete de las “pacíficas” inconformidades, de los maestros. En cuanto algo les incomoda, bloqueo al canto y allí quedan varados durante horas, quienes aspiraban a un buen fin de semana.

De continuar el sonido de las balas en un comedero, un antro, un bar, pies para que te quiero. Desagradable por sí, una costera pletórica de jeeps cargados de “guardianes de la ley”. A los extranjeros residentes en otros lugares de la República, les advierten que solo viajen por avión y cuando les sea imprescindible.

Ayotzinapa sin resolver. La Ceteg en batalla permanente. Las condiciones de vida de la mayoría, nefastas. La violencia, imparable. Astudillo jamás brilló como político de primera línea. ¿Podrá con el paquete?
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq