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Para superar el morbo

  • Camilo Kawage

1.- A pesar de la indolencia gubernamental para detener el crimen desvergonzado a los ductos de Pemex por donde han desangrado la riqueza nacional desde que se comenzó a saber del robo de gasolina hace lustros, a pesar del crecimiento exponencial (también) de esa delincuencia organizada en las barbas mismas de las autoridades en todos los planos por tanto tiempo, sin control, freno ni castigo alguno, y amén de los muertos que ha producido hasta la fecha ese cínico atraco al patrimonio de los mexicanos, en especial el circuito arterial que pasa por Puebla, el general Zaragoza ha tenido un motivo menos de congoja en estas fechas, que el presidente de Estados Unidos nos ahorró el festejo del Cinco de Mayo en la Casa Blanca.

2.- Los cálculos sobre el monto de dinero que significa el robo de combustible son brutales, el daño a la costosísima infraestructura de los ductos, añadido al gasto que implica su reparación o remplazo, más el perjuicio a futuro, son cantidades que ningún tiempo de cárcel repone, menos con el régimen de premio al delito que tenemos instaurado, en el que ningún ilícito es grave y por el que se pasean felices en la calle los más burdos criminales. Somos tan de avanzada que protegemos con la vida y la integridad de nuestras familias los derechos humanos de cualquier piquete de bandidos –de casa, calle o tesoro público-, para además quedar mal con la comisión respectiva.

3.- Pareciera que con todo el escenario puesto para superar el morbo y alentar una esperanza, alguno o algunos en puestos de decisión está en espera de que una situación aún más grave que las que se acumulan en el instante se presente para asumir su responsabilidad. Mientras pasa, no veremos altos cargos ante la justicia, no se les moverá un pelo a diputados –ni diputadas, faltaba más-, a funcionarios actuales o pasados, de gobernadores poco que decir, y a dirigentes políticos menos.

4.- Para dejar atrás esta pesarosa etapa del traspié, la paradoja y el sinsentido, la sociedad quiere ver servida la justicia, no en el abstracto de principios que nadie cumple, sino en personas que el propio Ministerio Público tiene señaladas con nombre completo. Qué novedoso sistema penal es éste que nos hemos dado, que el canalla de Veracruz se halla en trámite, a su diputado no se le puede procesar porque tiene amparo, la diputada de Las Choapas que junta ahorros para el anacoreta no aparece, el traficante de Tamaulipas se nos olvidó y va al bote en Texas, los rateros de gasolina en Puebla, asesinos de militares, ya los van a buscar. No estaremos jugándole muy recio a la anarquía, que se nos vaya a aparecer un fantasma.

5.- Tampoco se vale aceptar la confusión entre lo cotidiano y lo excepcional que se intenta volver costumbre. La ciudadanía diferencia bien a un jefe de la delincuencia de un asaltante callejero, a quien la sirve y a quien la traiciona, y tristemente el servicio público no ha destacado en fechas recientes por su desbordada pasión y su abnegada entrega al bienestar y prosperidad de la Unión. Sin distingo de filiación política –ojalá fuera ése un signo a subrayar- ni todos los que han estafado el tesoro público puestos juntos, merecen la gracia de un solo mexicano como cualquiera de los nuestros.

6.- Con tanto delincuente en las calles –y en la sierra, en la playa, en el aeropuerto- tal vez no sea hora de pensar en nuevas leyes, sino más bien cumplir las que tenemos, para superar el morbo, disipar la sospecha y ahuyentar a los fantasmas.
camilo@kawage.com