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Paradigma económico

  • Jorge Sánchez Tello

Mujeres y economía

Las mujeres representan poco más de la mitad de la población mundial pero su contribución a la actividad económica medida, al crecimiento y al bienestar está muy por debajo de su potencial, lo cual tiene serias consecuencias macroeconómicas. A pesar de los significativos progresos logrados en las últimas décadas, en todo el mundo los mercados de trabajo siguen estando divididos por géneros y parece haberse estancado el avance hacia la igualdad de género.

En las últimas décadas hemos asistido a cambios importantes en el mercado laboral destacando, entre otros, la masiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo Los enormes avances en la formación de las mujeres y en su interés por participar de manera continuada en el mercado podían hacer pensar en una pronta desaparición de las tradicionales desigualdades entre mujeres y hombres en el mercado laboral pero lo cierto es que no ha ocurrido así.

La participación femenina en la fuerza laboral se ha mantenido por debajo de la participación masculina; las mujeres realizan la mayor parte de los trabajos no remunerados, y, cuando tienen un empleo remunerado, están sobrerrepresentadas en el sector informal y entre la población pobre. También se ven ante significativas diferencias salariales frente a sus colegas varones. En muchos países, las distorsiones y la discriminación en el mercado laboral restringen las opciones de las mujeres para conseguir un empleo remunerado, y la representación femenina en los altos cargos y entre los empresarios sigue siendo baja.

En algunas economías emergentes y en desarrollo, las restricciones que impiden que las mujeres se movilicen de manera independiente y participen en el mercado de trabajo menoscaban su potencial económico (Banco Mundial, 2011). Las mujeres predominan en el sector informal, caracterizado por la vulnerabilidad de la situación de empleo, un bajo grado de protección, la preponderancia de mano de obra no calificada y la inestabilidad de ingresos. En muchos casos los derechos de propiedad y los derechos hereditarios de las mujeres son limitados. En la agricultura, sobre todo en África, las mujeres explotan pequeñas parcelas y trabajan en cultivos menos remunerativos que los hombres, y su acceso a insumos agrícolas es más limitado.

En América Latina, el ingreso laboral de las mujeres equivale a 70 por ciento del ingreso de los hombres.Independientemente de la edad, escolaridad y situación conyugal, la remuneración que perciben las mujeres por su trabajo representa entre 84 y 96 por ciento de la que reciben los hombres. Poco más de la mitad de las personas que ganan hasta un salario mínimo son mujeres, pero el porcentaje de mujeres entre las personas que perciben más de 5 salarios mínimos es tan solo 29.2 por ciento.

Los datos muestran que el 98 por ciento de las mujeres mexicanas cursan la primaria y el 96 por ciento de los hombres del país; de manera similar, en secundaria la matriculación femenina es de 87 por ciento y la masculina de 81 por ciento. Sin embargo, la situación se revierte en el nivel de educación superior, al que llegan solo el 27 por ciento de las mujeres y el 28 por ciento de los hombres y evidentemente esto tiene un impacto negativo en la productividad y salarios.

En el mercado laboral en México, la participación de las mujeres ha respondido a la modernización de la economía, contribuyendo en sostener y mejorar el nivel de vida familiar, sin embargo falta mucho por hacer para que se tenga una mayor equidad en nuestro país. En este Día de la Madre es importante reconocer la importante labor que desempeñan en la economía.

*Economista e investigador asociado de la Fundef.

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jorge.sanchez@itam.mx

Twitter: @jorgeteilus