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Paradigma Económico

  • Jorge Sánchez Tello

  • Jorge Sánchez Tello
  • Estados Unidos

 

Estados Unidos -desde hace 150 años- es la única entre las grandes potencias mundiales que se caracteriza por su permanente crecimiento, con gran estabilidad política, en un universo sujeto a profundas transformaciones.

Las crisis económicas internacionales -en particular la de 1929 y la de 2007/2008- o las guerras mundiales de 1914/18 o de 1939/45 o la guerra fría finalizada en 1989/91 o los grandes fenómenos, como la Revolución Rusa de 1917 o la de China en 1947, sin duda conmovieron a Estados Unidos, pero no lograron alterar su organización, ni sus principios fundamentales ni su evolución.

La intervención de Estados Unidos decidió el resultado de dos guerras mundiales, ganó la Guerra Fría y es el garante de la paz mundial, en las condiciones que se conocen actualmente. Para el mundo occidental significa su autonomía y la conservación de sus estilos de vida. En el mundo, es el principal proveedor de tecnología, el mayor centro científico, la primera plaza de las finanzas internacionales y el más importante mercado, por la suma de sus exportaciones e importaciones.

En un elocuente artículo sobre esta materia, el Nobel en economía Edmund Phelps ha argumentado que el modelo capitalista en Estados Unidos ha sido corrompido transformándose en un sistema de tipo corporativista al estilo de la Alemania de Bismarck en el siglo XIX y de la Italia de Mussolini en el siglo XX. En este sistema, argumentan los autores, ya no priman la responsabilidad y libertad individual, sino un Estado intervencionista que procura asegurar, desde el ingreso de las clases medias, hasta las ganancias de las grandes corporaciones resultando en un estancamiento de la economía y en el otorgamiento de beneficios a grupos de interés en perjuicio de la mayoría.

El economista Milton Friedman fue uno de los primeros en el mundo de la economía en alertar sobre el peligro que implicaba esta evolución intelectual. En la perspectiva de Friedman, el éxito de Estados Unidos se debía a la filosofía liberal de los padres fundadores encarnada en genios como Adam Smith y Thomas Jefferson, quienes representaban los dos pilares de un orden social libre: libertad económica y libertad política.

Para los padres fundadores de Estados Unidos el poder debía estar sujeto con “cadenas de hierro” y el Gobierno debía ser vigilado como un halcón y visto con la máxima sospecha. Probablemente nadie expondría la esencia de e estas ideas de manera más elocuente que Thomas Jefferson en su segundo discurso inaugural:

“¿Qué otra cosa es necesaria para hacer de nosotros un pueblo feliz y próspero? Todavía una cosa más mis compatriotas: un Gobierno sabio y austero que evite que los hombres se dañen entre sí, pero que los deje libre para regular la persecución de su industria y prosperidad, y que no tome de la boca del trabajo el pan que se ha ganado”.

Sin lugar a dudas la crisis que asoló a Estados Unidos en 2008 fue esencialmente el producto de la misma filosofía intervencionista que produjo la gran depresión. Pero esta fue incluso peor, porque las estructuras del estado de bienestar ya existían sumando a los problemas del mundo financiero los de solvencia fiscal.

Y así es como hoy se celebran unas elecciones muy polémicas entre quien resulte ganador, Trump o Hillary. Dos candidatos con importantes tendencias proteccionistas y Trump aunque pierda dejará un Estados Unidos dividido y que se aleja de los ideales liberales de los padres fundadores de tener un país donde la libertad siga siendo el principal eje político y económico.
* Economista e investigador asociado de la FUNDEF

www.fundef.org.mx

jorge.sanchez@itam.mx

Twitter: @jorgeteilus