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Paradigma Económico

  • Jorge Sánchez Tello

  • Jorge Sánchez Tello
  • Riesgos del populismo

El mundo posee una larga tradición populista, ésta adquirió toda su fuerza en el siglo XX durante el cual, tanto Gobiernos de izquierda como de derecha se destacaron por hacer promesas políticas a la ciudadanía con la ilusión de resolver sus problemas en forma mágica. Cabe recordar que, a principios del siglo XX, Argentina se encontraba entre los 10 países con mayor ingreso per cápita del mundo. Argentina en 1929 era la undécima nación exportadora del mundo y su nivel de bienestar se reflejaba en que poseía más automóviles por habitante que Gran Bretaña.

Sin embargo, el populismo hizo que ese bienestar fuera efímero. Y es así que hoy Argentina ya no es el país líder de América Latina y, por el contrario, alrededor de un 40 por ciento de su población vive en condiciones de pobreza.

Vivimos en un mundo donde siempre hay incertidumbre, puede ser política, económica, financiera o una mezcla de ellas. El contexto actual se caracteriza porque hay un malestar global cuyas consecuencias se traducen en inseguridad e incertidumbre a distintos niveles.

Se podría señalar que la crisis es económica, política y social y que desencadena una creciente desconfianza ciudadana en las instituciones, las organizaciones y en especial los políticos.

Que no se nos olvide el costo que puede tener el regreso de los populistas, el cierre de las economías y la mayor intervención del Estado impiden la eficiencia en la asignación de recursos, los aumentos de productividad y los esfuerzos de inversión y empleo, aspectos fundamentales para el desarrollo. La realidad de pobreza que esto acarreó en el pasado llevó a crecientes problemas de insatisfacción de la población y las protestas sociales se hicieron cada vez más frecuentes.

El populismo se tradujo en un creciente tamaño del Estado y en un creciente corporativismo en el cual había una alianza entre los Gobiernos de turno y los sectores particulares protegidos. Para financiar este populismo se recurrió a los créditos de los Bancos Centrales hacia los Gobiernos con lo cual se desató la inflación.

La inflación llegó a niveles máximos históricos y la realidad del desempleo y la pobreza superó todos los límites. A partir de ese momento se tomó conciencia de la importancia de los equilibrios macroeconómicos, aprendiéndose la lección de que la inflación es dañina para el progreso de los países.

En lo político no respetan a las instituciones democráticas como el Congreso e intentan establecer una relación directa con el pueblo. Con ello debilitan a la democracia representativa. Y en lo económico, más que hacer uso de las políticas macroeconómicas a través de una expansión exagerada del dinero en la economía, lo que hacen es nacionalizar empresas privadas, subsidiar a determinados sectores productivos, distorsionar los sistemas de precios y proteger con altos aranceles a industrias seleccionadas políticamente.

La lección más importante que nos ha dejado el pasado es que para combatir el populismo en forma eficaz y duradera se requieren políticas públicas que permitan el progreso y que se construyan instituciones que impidan las promesas populistas. Entre éstas se debe destacar: la autonomía del Banco Central, el mantenimiento de la disciplina fiscal, la apertura de la economía, un sistema de pensiones basado en el ahorro individual y una baja inflación.

México está a tiempo de evitar una crisis que le abra la puerta al populismo, es necesario fortalecer las finanzas públicas y evitar una mayor deuda.

*Economista e investigador asociado de la FUNDEF

www.fundef.org.mx

jorge.sanchez@itam.mx

Twitter: @jorgeteilus