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Paradigma Económico

  • Jorge Sánchez Tello

Educación
Nadie duda hoy en día que el capital humano es un factor fundamental para el desarrollo económico y social de un país. En este contexto el Estado, las empresas y los ciudadanos, han jugado un papel básico en la educación de los países desarrollados mediante la articulación de políticas educativas activas.

Sin embargo, evaluar las políticas educativas no es una tarea sencilla al menos por dos motivos. Primero, por las múltiples dimensiones en las que puede llevarse a cabo dicha evaluación: análisis de los efectos sobre el nivel educativo de sectores específicos de la pobla­ción, o de los efectos sobre ciertos conocimientos específicos en matemáticas, ciencias, idio­mas…, o de los efectos sobre las tasas de crecimiento económico, o de los efectos sobre la productividad y la competitividad, etc. Y segundo, porque la educación constituye una inver­sión con un largo periodo de maduración de manera que solo tras el paso de un número im­portante de años pueden empezar a percibirse los beneficios de dicha inversión.

La mayoría de los estudios económicos sobre educación centra la atención en el nivel de escolaridad, es decir, en la “cantidad” de educación. Ello parece lógico tanto desde la perspectiva del análisis como de las políticas: el nivel educativo es fácil de medir y puede ser objeto de un seguimiento a lo largo del tiempo. Sin embargo, ese enfoque distorsiona las políticas y puede redundar en decisiones erradas.

Desde una visión ética del desarrollo, se concibe al capital humano no solamente en su capacidad para adquirir y construir conocimientos y de esta manera producir y contribuir al crecimiento económico y competitivo del país, sino también en su capacidad para contribuir a su propio bienestar social y calidad de vida propia y de los otros, dentro de parámetros de responsabilidad ambiental y de compromiso con las futuras generaciones.

Mejorar la calidad educativa tiene un enorme efecto en el cambio de las expectativas y en la capacidad de las personas para tratar de mejorar su futuro. El sistema económico que antes se satisfacía con la socialización cultural de la mano de obra, y que ante bajas en la calidad incrementaba la exigencia de más años de estudio, ahora, en sus sectores modernos y competitivos, reclama de conocimientos y competencias técnicas acordes con su desarrollo tecnológico.

México necesita que la Reforma Educativa se lleve a cabo, si bien se critican algunos errores de esta administración hay que destacar que además de la Reforma Energética, es la Educativa la que tiene la gran posibilidad de mostrar un verdadero cambio en nuestro país y que seguramente se verán en las próximas décadas.

Debe ser la sociedad civil la encargada en presionar para que esta importante Reforma se concrete con éxito porque al final serán los niños y jóvenes que aspiran por tener una mejor calidad educativa en México y por ende, un mejor futuro.

Es tiempo de que la CNTE no frene el desarrollo educativo de millones de jóvenes, si bien la mayoría de los profesores han respaldado la Reforma, es injusto que unos cuantos que solamente están buscando mantener sus privilegios estén tratando de impedir su aplicación.

México enfrenta el gran desafío de continuar hacia la modernidad o en su defecto seguir manteniendo el “status quo” y en consecuencia seguir teniendo tasas de crecimiento muy bajas.

Para que México sea un país con mayor libertad, justicia y prosperidad será necesario que la calidad educativa privilegie lo técnico, humano y los valores cívicos que tanto se han abandonado.

*Economista e investigador asociado de la FUNDEF.

www.fundef.org.mx

jorge.sanchez@itam.mx

Twitter: @jorgeteilus