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Paradigma Económico

  • Jorge Sánchez Tello

  • Jorge Sánchez Tello
  • Civismo y Humanismo

El hombre es el único ser al que se plantea el tema de su comportamiento ético. Por medio de su conducta, una persona expresa los valores éticos por los que se guía. Para que ello ocurra, el sujeto debe previamente haber aprendido dichos valores. La captación de los valores éticos en cuanto éstos pasan a integrar de alguna manera la conciencia, constituye la llamada conciencia moral. La realización o expresión de los valores éticos a través del comportamiento admite diversas manifestaciones que dependen de varios factores tanto sociales como individuales. Sin embargo, en términos generales, cada persona determina su vida moral y en este sentido es libre.

La crisis en civismo y no en los valores es lo que ha generado los problemas actuales de violencia, corrupción y vanidad en el mundo. Conducirse con honestidad y apego a la legalidad… algo muy olvidado actualmente, y que es la base fundamental de la materia de civismo.

El civismo no se puede aprender solo en el hogar, se necesita de un refuerzo en las aulas para afianzarlo como una postura ante la vida. “Recibimos muchas influencias aparte de nuestro hogar, el civismo nos ayuda a conformar nuestro amor a la Patria, el respeto a los símbolos patrios, conocer nuestra historia, la cuestión de la moral, ese tipo de valores de lealtad, honorabilidad, de no ser corrupto.

El civismo es importante porque nos permite retomar los valores del humanismo. El objetivo básico del humanismo es el hombre, la mujer y la significación de la vida. En función de los seres humanos y de la vida, deben plantearse todas las cuestiones cosmológicas. El empleo de la razón y la nueva visión del mundo introducida por el humanismo, perviven y se desarrollan hoy más que nunca.

Fernando Savater, en su obra “Humanismo impenitente” dice que “El humanismo estriba en la convicción de que el hombre es el inventor y garante de los valores; de que el individuo es el sujeto de la opción moral, basada en la libertad e inspirada por la razón. El humanismo sostiene que los hombres no tienen la obligación de cumplir los designios de los dioses ni son el simple juguete de la necesidad natural o histórica: deben concederse unos a otros su dignidad propia y buscar con armonía, pero también con audacia, la felicidad terrenal. Brotadas en el Renacimiento y acrisoladas en la ilustración, estas ideas han tropezado con el descrédito en el decurso de nuestro siglo. Se las considera fruto del idealismo racionalista burgués y se anuncia la buena nueva del final del sujeto y del advenimiento de los automatismos impersonales del inconsciente, etc…”

El hombre tolerante, aceptemos llamarlo liberal, reivindica su derecho a pensar de una determinada manera y a hacer público su pensamiento si así lo estima conveniente. El derecho a expresar opinión puede llevar a disentir de otro pensamiento y está dispuesto a luchar por ese derecho a su respecto y al de los demás, aun cuando piensen diferente.

La humanidad actual está ávida por encontrar el cauce de un nuevo humanismo. Existe una “angustia por el rumbo”, se debe contribuir a dar una respuesta racional y filosófica a este desafío social, ético, político y cultural. Ante los desafíos de la posmodernidad, se debe construir un mundo mejor y no solo para conservar el pasado, sino para construir el futuro.
*Economista e investigador asociado de la FUNDEF

www.fundef.org.mx

jorge.sanchez@itam.mx

Twitter: @jorgeteilus