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Paradojas electorales II / Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

El método que permite participar como candidato independiente para diputado constituyente de la Ciudad de México, se funda en apoyos ciudadanos en una cantidad que puede resultar inconsistente con el propio sistema de elección. Para obtener el registro, se piden firmas que representen el uno por ciento de la lista nominal de electores del, hasta antes de la reforma, denominado Distrito Federal.

De acuerdo a la convocatoria para la elección de sesenta miembros que integrarán la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, se requieren 73 mil 792 firmas de apoyo para obtener el registro de una candidatura independiente, pero un ciudadano puede firmar en apoyo de un máximo de cinco candidatos.

A reserva de revisar las debilidades de este apoyo múltiple, detengámonos a considerar la posibilidad de que un aspirante consiga un compromiso sólido, por parte de quienes le otorgan su firma, para emitir el voto a su favor el día de la elección. Esto conduce al paradójico resultado de que se requiera más apoyo solo para postularse que para ser electo. Tal fenómeno deriva de las cifras de participación electoral en el antaño Distrito Federal. En general, dicha participación ha sido en elecciones intermedias inferior al 50 por ciento. Es verdad que en casos de elección presidencial se observa un incremento, pero la elección de un cuerpo colegiado que va a redactar una Constitución local no parece despertar desbordando entusiasmo. Si tomamos como referencia el porcentaje de votantes, en relación con la lista nominal de electores de la última elección en el D. F., que fue la intermedia de 2015, nos arroja una cifra de 44 por ciento. A partir de esos guarismos no es descabellado suponer una participación del cincuenta por ciento para la elección que nos ocupa.

En consecuencia, podemos razonablemente estimar que el 50 por ciento de los ciudadanos registrados en la Ciudad de México acuda a las urnas el 5 de junio de 2016. Siendo esto así, los votos emitidos ese día serían aproximadamente la mitad de dicha lista, esto es: tres millones 689 mil 600.

Supongamos una cantidad de votantes redondeada en tres millones 702 mil para que sea exactamente divisible entre los 60 lugares disponibles en la Asamblea, a fin de obtener el cociente electoral que representan los votos necesarios para acreditar un diputado. Haciendo esa división, tenemos que una previsión plausible de la cantidad de votos requerida para ser electo es de 61 mil 700 votos. Se confirma así la paradoja consistente en que se pueden necesitar menos votos para resultar elegido que el número de firmas que se precisan para obtener el registro como candidato.

Ahora bien, la adhesión múltiple va contra la idea de que la candidatura independiente se funde en una relación básicamente personal, la cual debería manifestarse de modo unívoco, vinculado exclusivamente a la persona en quien se confía para ostentar la representación que el ciudadano individual desea otorgarle. Resulta contradictorio que la convocatoria, emitida por el INE, permita a un futuro elector que pueda suscribir el apoyo hasta a cinco candidatos diferentes. Quedan preguntas sin respuesta: ¿se le autoriza también una indefinición y una ausencia de compromiso diáfano e indubitable con aquel al que supuestamente apoya?; ¿cómo podría constatarse la congruencia programática de sus apoyos?; ¿es democráticamente útil la dispersión de los vínculos ideológicos?; ¿conviene alentar que los ciudadanos otorguen su simpatía simultáneamente a personas que presenten proyectos diversos y hasta contradictorios?
eandrade@oem.gob.mx