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Paraíso degradado

  • Alejandro Díaz

Durante centurias, vivir en una ciudad significó calidad de vida. Había oportunidades de seguridad, de sanidad, de educación y de servicios, además con empleos, superaba con mucho lo que ofrecía la vida rural. Pero si por siglos solo un puñado de ciudades en el mundo alcanzaron los tres mil habitantes, con el desarrollo del transporte y una mortalidad menor, en el siglo XX llegaron a ser miles de ellas. En el siglo XXI, en todo el mundo, en las ciudades viven más que los que residen en el campo.

Pero aquellas ciudades que crecieron en exceso comenzaron a tener otros problemas: mal abasto de agua, deficiente drenaje, malos servicios públicos, inseguridad, tráfico intenso, mala calidad del aire, etc. Aquellas que llegaron a superar los 10 millones agudizaron sus problemas y deterioraron la calidad de vida.

¿Por qué algunos habitantes de la gran ciudad permanecen mientras otros emigran? Para unos cuantos afortunados las incomodidades son mínimas y para otros son tolerables, pero la gran mayoría está obligada a permanecer bajo condiciones no aceptables. Permanece y evita buscar otros horizontes por inercia, motivos familiares o falta de
oportunidades.

¿Por qué en México el Área Metropolitana de la Ciudad de México (AMCM) ha crecido a un mayor ritmo que ninguna otra en el país? ¿Cómo ha llegado a atraer y conservar más de 20 millones de habitantes? ¿Qué atrajo y sigue atrayendo a miles diariamente? ¿Por qué tantos millones aceptan desperdiciar una parte importante de su vida en el tráfico?

Evidentemente contribuyen al crecimiento poblacional tanto su estratégica posición geográfica -equidistante de las costas-, como su clima benigno y el ser sede de los Poderes Federales. Factores que han sido imán por casi cinco siglos para nativos e inmigrantes por igual. Así en el último medio siglo la población del AMCM se triplicó, disparándose el área construida y las vías de comunicación, complicando el tráfico vehicular y el abastecimiento de prácticamente todo: agua, alimentos y combustibles deben ser traídos de distancias lejanas.

No es por oportunidades de mejor educación o de mejor acceso a la salud que muchos permanecen en el Valle de México; excepto en ciertos casos se puede tener la misma calidad de servicios en todo el país. Ya hay hospitales y escuelas de excelencia en prácticamente todas las ciudades medias. Médicos, maestros y alumnos destacan a lo largo y ancho del país al igual que los del AMCM. En ello no hay diferencia entre la capital y otras ciudades, aunque se mantengan diferencias entre éstas y el campo.

La mayoría de los capitalinos permanece en el área más por la esperanza de tener un ingreso cada vez mejor, y por tanto un mejor nivel de vida, casi un paraíso. No se detienen a pensar en que por esa posible esperanza futura sacrifican su vida presente. Creen que sólo estando cerca del centro del Poder tendrán acceso a oportunidades, bien sea por contratos con el gobierno federal, con sus concesionarios o de las migajas que ambos dejen caer. Se resignan a perder dos a tres horas diariamente en un lugar que más parece purgatorio que paraíso.

La vida económica del AMCM ya no necesita al gobierno federal. Aún sin tomar en cuenta a sus dependencias, esta área atrae cada año a miles de familias. Si queremos un país más equilibrado requerimos encontrar, entre todos, oportunidades de desarrollo en todas las ciudades. Comencemos a plantear soluciones.

daaiadpd@hotmail.com