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¡Paralizados!

  • Pedro Peñaloza

“Una perfecta mezcla de decisión y sumisión caracteriza siempre a los lacayos como si a la casta de los señores no les gustara dar órdenes a seres incapaces de impartirlas”.

Walter Benjamín

 

1. La soledad de un Presidente. Enrique Peña Nieto está más solo que nunca, sus cercanos se encuentran muy lejanos. Antes el inquilino transitorio de Los Pinos ya estaba solo, lo acompañaban asesores y ujieres incapaces de hacerle ver la necesidad de recomponer el rumbo. Peña no se da cuenta de que vive en una gigantesca nube que le impide ver más allá del confort que ofrece ser titular del Ejecutivo federal en un país educado en la desmemoria y en la inmediatez. Por supuesto, la ausencia de rumbo y de visión no es meramente una deficiencia personal, lejos de ello, la estructura del poder político en México presenta esquemas que facilitan la evasión y abstracción de los problemas concretos. A poco más de un año de la culminación de su cargo, el Presidente ha ratificado –en la coyuntura de Trump– el declive de una administración que recuperó Los Pinos, y que ahora, todo indica que entregará nuevamente el poder. Los vaivenes y titubeos del joven imberbe dibujaron plásticamente la enorme crisis de dirección que vive el país.

Los miembros del gabinete peñista son reflejo fiel de esta parálisis que se vive en la casa presidencial, las apariciones públicas de los burócratas de alto rango se difuminan en meras ocurrencias y declaraciones anodinas. Únicamente se presentan como parte de la toma de decisiones Videgaray y Mead, el primero jugando el rol de negociador único con la Casa Blanca y el segundo como un bombero con mangueras neoclásicas simulando que apaga los incendios que ellos mismos provocaron. De esta manera, no existen luces que indiquen la actuación del Gobierno, al menos que se crea que la mejor política es dejar de hacerla. Quizá se olvida que el avestruz puede meter la cabeza a la arena pero exhibe la cola.

2. La orgía de lo inmediato. La inercia que se practica en el selecto grupo del Presidente, también tiene manifestaciones en otros grupos y segmentos, destacadamente en los partidos políticos, que están embebidos con el resultado de encuestas “cuchareadas” que perfilan vencedores y vencidos en la justa presidencial del 2018. Así, la incapacidad se socializa y se extiende a toda la clase política, presentando un futuro poco gratificante y condenado a la repetición de fórmulas y esquemas para solo darle mantenimiento a un sistema diseñado para producir desigualdades y privilegios. Lo que menos importa al bloque dominante son las violencias e inseguridades exponenciales que se viven y que se pueden disparar con signos aún más preocupantes de los que ya tenemos registrados en la vida cotidiana nacional.

3. Banderitas y desplantes. Por si algo faltara a la crisis sistémica que vive el país, ahora tiene que agregarse que frente a las agresiones del nuevo inquilino de la Casa Blanca emerjan sentimientos tan primarios como inútiles para encarar la reconversión de la política estadunidense, al creer ilusamente que la “unidad nacional” puede edificarse a partir de un chovinismo abstracto y anémico, sin puntos específicos de unión, ni planteamientos que le den cemento a una cohesión artificial y meramente propagandística. Una demostración palmaria de los límites del viejo nacionalismo que ahora se quiere reciclar es la destacada postura de AMLO, que pese a su radicalismo verbal, plantea apoyar acríticamente a Peña y con ello darle oxígeno a un régimen en decadencia. En efecto, estamos entre la parálisis y el oportunismo. El futuro
ya llegó.
pedropenaloza@yahoo.com

@pedro_penaloz