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París bajo terrorismo, y una nueva guerra / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi García

  • Claudia Corichi

Eran aproximadamente las 9:20 pm en la capital parisina el pasado viernes 13, cuando los sonidos de cientos de cartuchos, bombas y cinturones explosivos acallaron la noche de una de las ciudades más emblemáticas de Occidente. El saldo provisional superaba los 130 fallecidos y los casi 400 heridos, mientras en la sala de conciertos Bataclan se presumían más de 100 rehenes. François Hollande atribuía los ataques a ISIS (siglas del Estado Islámico en inglés), quien más tarde reivindicaría la autoría a través de foros yihadistas en la internet profunda.

De inmediato, las redes sociales se saturarían con muestras de apoyo y solidaridad al pueblo francés, y no sería para menos, lo que se perfilaba como una típica noche parisina de viernes en la que incluso el presidente Hollande disfrutaba del partido amistoso entre Francia y Alemania, se convertiría en el punto de inflexión para una nueva guerra de dimensiones mundiales como incluso lo ha dicho el papa Francisco.

En enero de este mismo año, Francia había ya sido objetivo de ISIS con los atentados al diario Charlie Hebdó, quien en septiembre pasado en plena crisis de los refugiados en Europa fuera intensamente criticado por hacer sátira en un cartón de la tragedia de Aylan al-Kurdi, el niño sirio que murió ahogado en su intento por migrar a lado de sus padres.

ISIS conocido como el Estado Islámico, no solo es una agrupación terrorista que ha destacado por sus inhumanos actos, ni por el amplio y desafiante reclutamiento que ha encabezado en todo Oriente medio y el norte de África con jóvenes, sino por su atroz decisión de esclavizar niñas y mujeres para hacerlas partícipes de las guerras, sirviendo como combatientes y objetos sexuales de sus tropas. Datos de la fundación New America señalan que las mujeres están representadas en cifras sin precedentes, pues uno de cada siete militantes es mujer.

Para muchos, sobre todo de este lado del Atlántico, la pregunta es ¿por qué mostrar indignación por Francia? Sin embargo, no es la valoración de los hechos, sino la anormalidad de los mismos la que debe poner en contexto esas argumentaciones.

Los atentados de París se apoderaron de la décima cumbre del G20 en Antalya desde el primer minuto. El debate hasta el momento ha puesto de nuevo en la agenda multilateral la securitización de las fronteras europeas, en contraste con las medidas que más bien se estaban tornando amigables a la migración Siria. No hay que olvidar que apenas en julio de este año, el Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP, pro-kurdo) en Turquía señaló que esta política estaba haciendo porosas sus fronteras, lo que acrecentaría los riesgos para la región.

En este mismo foro, y como si la historia no conociera de ironías, Francia ha venido a mediar entre Moscú y Washington; pues Obama se ha mostrado dispuesto a convencer a Rusia, aliada del régimen de Bachar el Asad, de que concentre sus ataques en el Estado Islámico, y no en la oposición moderada al régimen sirio.

Así, el 13 de noviembre ha puesto de nuevo entre dicho al sistema de Naciones Unidas, ya que aún no queda ni mínimamente claro el papel del Consejo de Seguridad ante la ofensiva de casi veinte bombardeos sobre la autoproclamada capital de los yihadistas, Raqqa, que ha encabezado el Gobierno de París.

Ahora que la guerra en Siria ha llegado al corazón de Francia, México, así como la comunidad internacional tienen el compromiso de echar mano de los organismos multilaterales que se han creado para mantener la paz mundial, para respetar los derechos humanos por encima de los fanatismos. Sin duda, los atentados del pasado viernes no solo redimensionarán los conceptos de seguridad y orden internacional en el marco de una grave crisis en la relación norte-sur que tiene por icono a la crisis migratoria, sino que bien podrán desembocar en lo que podría ser la segunda guerra de gran alcance en apenas 15 años del siglo XXI. Como sociedad internacional, no debemos solo condenar estos actos, sino prevenir que se repitan, debemos pugnar por paz más allá de las ideologías y los esquemas de desarrollo.