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“París: ‘Hoy pisaré las calles nuevamente…’” / Lucía Raphael

  • Lucía Raphael

Ayer escuchaba la canción de Pablo Milanés: “Hoy pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Santiago ensangrentado”. Pensé en el París del 13 de noviembre, y todos los sentimientos que me habitan y se han ido multiplicando a lo largo de estos días, se agolparon. Temo escribirlo así, alguien podría pensar que amalgamo la historia larga y dolorosa de Chile con el dolor de una noche aterradora, de la que alguna vez pensé que era la ciudad más segura del planeta. Pensar París como la ciudad ensangrentada de este viernes, me enfrenta con lo que los yiahdistas buscaban. Los lugares elegidos: La Place de la Republique, ahí donde las manifestaciones de la izquierda inician y terminan, el Bataclán, conocido por su carácter diverso; las terrazas de la rue Charonne, el restaurante “La pequeña Camboya”. No atacaron los símbolos del Poder, atacaron la diversidad; la música, el placer por la comida, la posibilidad de sentarse en una terraza a “matar el tiempo”, el verdadero cosmopolitismo de esa ciudad mosaico, atacaron las libertades todas.

No me duele París por ser el centro de la cultura occidental, me duele por que lograron en una noche, rasgar el tejido social y comunitario, indispensables para la evolución del arte, del espíritu que los franceses han logrado y que deseo para todos nuestros países. Y en la misma jugada, los yiahdistas lograron que los dirigentes de los países occidentales se sumaran a su lógica de odio, de egos heridos, de violencia inusitada, y respondieron sacando el arsenal completo para hacer sentir su “superioridad”, destruyendo zonas enteras donde civiles; niños, mujeres, ancianos, hombres de a pie… quedaron muertos, atrapados, sin certezas, sin paz posible; en manos de Holland y sus secuaces (Obama, Putin, Merkel…), esos que llevan décadas matándolos y atacándolos para apropiarse de sus territorios, de su petróleo, de su gas.

La inteligencia de los yiahdistas consistió en usar pocos recursos y personas (si lo que queda después de un entrenamiento del ISIS puede llamarse persona), en la provocación, sirviéndose de la fuerza de su adversario para someterlo, como en un combate de Yudo. No solo llevaron a estos líderes de Occidente, a mostrar su desprecio por la vida en los territorios en conflicto, “en nombre de la democracia”; sino que cedieron; regalaron a los yiahdistas todas las garantías individuales de sus conciudadanos. Su “Estado de urgencia” no es otra cosa, que el paradójico arrebato de la democracia a los franceses por su propio Gobierno. Imaginar Francia con las libertades confiscadas, es entender que bajo las “políticas del miedo”, no existe un solo país en el mundo que tenga garantizadas las libertades, la seguridad, la paz… Holland instauró medidas que la extrema derecha francesa, asume como propias; en ese odio xenófobo, racista, controlador y cobarde que caracteriza al peor de los fascismos. Así el ya mostrado neoliberal conservador Francois Holland; no solo declaró a Francia en guerra, sino que  decidió restringir la libertad de tránsito, se adjudicó el derecho de instalar zonas de protección o de seguridad sin aviso alguno, y prohibió la circulación en ciertas zonas, dejando a los prefectos de Policía carta abierta para prohibir reuniones públicas, cerrar espacios de reunión, o hacer perquisiciones administrativas sin previa orden judicial, entre otras violaciones a su Constitución.

Ver los niños masacrados en Siria, ver los cuerpos apilados en el interior de lo que fue una casa, o en los espacios improvisados como Morgues entre París, Siria, Kenia… nos habla de una locura generalizada. Es cierto; hemos jugado en la lógica eurocéntrica de una solidaridad marcada por el racismo y el paradigma masculino excluyente, pero como dice Isabel Vericat, la opinión pública internacional ha evolucionado en esta comprensión desde el atentado contra “Charlie Hebdo”. Las brigadas que ayudan a familias a salir de los escombros después de un bombardeo en Siria, o los vecinos de los barrios del París vulnerado; con su hashtag #Pourtesouvertes (#Puertasabiertas); como comunidad hospitalaria me regresan a la manera en la que todo esto nos conecta en tanto humanos: En un muro de París, una pinta hace eco a la frase que convocó la fuerza de los padres de los 43 asesinados de Ayotzinapa; en francés como en árabe o español, las comunidades heridas se levantan del golpe mortífero de la deshumanización, fortalecidos: “Nos enterraron creyendo que éramos polvo; no sabían que éramos semillas”.
*Escritora e Investigadora IIJ UNAM.

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@LUCIARAPHAEL11