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Participación ciudadana, un compromiso entre adultos / Agenda Ciudadana / Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas

Se ha vuelto tema cotidiano, sobre todo cuando se aproximan las elecciones, escuchar el clamor ciudadano por mejores gobernantes y representantes populares que atiendan prioritariamente los intereses del electorado que los llevó al poder. Pasadas las elecciones, la ciudadanía descubre que los candidatos por los que votaron no eran lo que parecían, y que la distancia de intereses entre gobernantes y gobernados  de nueva cuenta esta ahí.

Como en una espiral asfixiante, esta situación se ha venido repitiendo, provocando el “voto de castigo”, la única opción que perciben los votantes que para hacer pagar a quienes les incumplieron.

Lamentablemente el voto de castigo, cargado de ira y revanchismo, no suele ser objetivo y razonado; se vota por los contrarios a los actuales, por los que más probabilidades tengan de obtener el triunfo. Lamentablemente conseguido éste, las más de las veces la situación de distancia entre gobernantes y gobernados vuelve a repetirse, resultando infructuoso el voto de castigo que en no pocas ocasiones lleva al poder a iguales o a peores que los anteriores.

Paralelamente, el tejido social que se mide por el grado de participación de la gente en la vida comunitaria, se ha venido desgastando hasta generar una ciudadanía apática, reacia a participar en lo público; una colectividad disminuida en su autoestima, resignada a dejar pasar lo que venga, convencida de su incapacidad para hacer valer sus derechos, hacer escuchar su voz y lograr que se les tome en cuenta en las políticas públicas que involucran a la comunidad.

Esta descripción lamentablemente no es asunto de ficción, es una realidad que impera a lo largo y ancho del país, misma que se agudiza cuando se aproximan las elecciones. ¿Qué poder hacer para evitar que el tejido social se siga rompiendo hasta llegar a una situación extrema, ominosa, en donde la impunidad prevalezca y en donde la propia ciudadanía, desesperada, clame por Gobiernos dictatoriales, dado que la democracia, tal y como hoy funciona no ha sido eficaz en la obtención de beneficios tangibles para la población?

La respuesta para contener y terminar con esa tendencia ominosa que estamos viviendo en el ámbito de la democracia representativa, está en la propia ciudadanía, que deberá dejar de lado su fatiga cívica conseguida a pulso, y tomar conciencia del enorme poder potencial que tiene cuando se organiza, se informa y se capacita, para no dejarse manipular sino para poder ejercer a plenitud su libre albedrío.

A este proceso de toma de conciencia, capacitación y organización de la gente “de a pie” se le llama “construcción de ciudadanía”, y va  más allá de lo que establece nuestra Constitución para hacernos ciudadanos. Requiere de la comunidad,  la voluntad de participar en el diseño, operación y  seguimiento del ejercicio de gobierno; y de parte de los legisladores, garantizar espacios y mecanismos legales que hagan viable esa participación ciudadana.

No se trata de concesiones graciosas, se trata de un compromiso serio entre un electorado adulto y candidatos responsables, decididos ambos a salir de una vez por todas del desacreditado círculo “prometo y no cumplo” y “¿cuánto por mi voto?”, en el cual todos salimos perdiendo.
rayarenas@gmail.com