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Partidos políticos en el descrédito

  • Benjamín González Roaro

BENJAMÍN GONZÁLEZ ROARO
Todos los actores políticos tienen la mirada puesta en la disputa electoral del 2018; en este proceso, partidos y candidatos intentarán convencer a los ciudadanos de que su propuesta política es la mejor y harán todo lo que sea necesario para conquistar el poder.

Los partidos y candidatos son esenciales en toda democracia; sin embargo, deseo abordar el caso de los primeros debido a una razón: de todas las instituciones del país, los partidos cuentan con los niveles más bajos de confianza y credibilidad.

Una de las últimas mediciones realizadas a finales de 2016 sobre confianza en las instituciones (Consulta Mitofsky) da cuenta de que, en una escala de uno a 10, los partidos se ubican en el lugar más bajo, con 4.8 puntos. Dicho sea de paso-y a reserva de abordar este tema en otra ocasión- los sindicatosle hacen compañía a los partidos en cuanto a la mala reputación que tienen ante la sociedad, con una calificación de 4.9.

Sin embargo, lo que está en juego es algo más grave: que la representación política y social de millones de mexicanos está en manos de las instituciones con mayor desprestigio: los partidos y los sindicatos.

Volviendo al tema de los partidos. Todos tienen problemas y todos presentan, en mayor o menor medida, diferentes crisis.

Éstas, van desde aquellas derivadas de los pésimos resultados de Gobierno, de las promesas no cumplidas, de los abusos cometidos por varios de sus gobernantes y que permanecen en la impunidad (PRI); las relacionadas con la conducción vertical del partido con el único propósito de alcanzar objetivos personales, sin importar que se ponga en riesgo la unidad interna (PAN); las que son resultado del pragmatismo con que se conduce al partido y en donde lo que menos importa es la congruencia ideológica y los principios (PRD); pasando por partiditos que se convierten en negocios de unos cuantos (PV) (NA) (PT) (PES) hasta aquellos movimientos que se crean para que el líder no solo pueda imponer su propia voluntad, sino para sostener su proselitismo aprovechando los huecos que existen en la ley electoral (Morena).

También, existen factores que atraviesan a todos los partidos sin distinción, sin importar su signo ideológico y que de igual forma explican el origen de su crisis: desvinculación de las bases, pérdida de identidad, opacidad en el ejercicio de los recursos, imposición de candidatos, ausencia de democracia interna, exclusión, plataformas políticas desfasadas de la nueva realidad económica y social, entre otros más.

Por lo tanto, me parece que es tiempo de que los partidos se cuestionen ¿qué están haciendo para mejorar la imagen y la percepción negativa que tienen en la sociedad? y ¿qué están haciendo para revertir esa pérdida de confianza?

La representación política de la sociedad y el avance democrático de la nación no pueden estar depositadas en instancias sin ninguna credibilidad.

Es una gran contradicción que el futuro del país se encuentre en una de las instituciones más desprestigiadas. Los partidos necesitan ser más congruentes, ¿cómo pretenden dirigir el destino de la nación, si antes no han demostrado que tienen la capacidad y voluntad para renovarse?

En su afán por ganar el poder -lo cual es legítimo-, no pueden pasar por alto que los mexicanos merecen mejores partidos, modernos y transparentes.