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Pasión

  • Palabra: Terry Guindi

Describirla resulta innecesario; vuelve a leer la palabra por favor, de repente llegan a ti multitud de imágenes, sensaciones y emociones; el beso, el abrazo, el encuentro intenso entre dos seres; segura estoy de que sentiste en tu cuerpo y en tu alma ese recuerdo que vibra desde el interior y que pasa por cada milímetro de tu propia historia y piel.

La pasión es más que todo esto, incluye a ese director de orquesta que ahora te vendrá a la mente, las batutas, la instrucción de los acordes, las secciones de cuerdas y los explosivos instantes de las percusiones. También es ese libro que te negabas mentalmente a que terminara, que leías con avidez; en tu imaginación mutabas de personaje en personaje, te deslumbraba algún rompimiento mágico del autor en la trama, que bien llevada pasaba de la tragedia a la comedia en un lapso inverosímil.

Pasión parece ser distinta a tranquilidad; nada más falso. Esta última es en sí misma percibida como el inicio de la paz, de la ausencia de conflicto. Quienes suponen la contradicción referida tendrán lejos de su análisis y vida a Gandhi. La enorme pasión por la paz, la bofetada pacífica a los contrasentidos y equívocos lo mismo históricos que emocionales.

Los apasionados se distinguen, les gusta lo que hacen, dan ese paso más; guisan una sopa en vez de agua hervida.

Este sentimiento se irradia, es imposible de ocultar. Se distingue del eterno letargo, de la pereza; la mediocridad es ese afán de resistirse a sonreír y ponerle chispa a la vida; solo se vive una vez.

Ser apasionado es entregarse. Es buscar obtener hasta la última gota de la emoción sentida, del momento, del capítulo de vida que día a día vamos escribiendo.

Contrastar esta emoción con el bienestar es una tarea por demás merecida.

El estar bien se asocia comúnmente, en el simplismo racional, en la inmovilismo del pensamiento con los tres lugares comunes que se dice producen la felicidad: salud, dinero y amor; que sencillo es caricaturizar al ser humano, exhibirlo. Contrastando este razonamiento corto, por decir lo menos, cuestiono el “gusto” que da lo mismo estrenar un auto que unos buenos zapatos; serán disfrutados tan solo hasta el primer rayón o el primer pisotón, según sea el caso.

La felicidad es mucho más que esto, es tal vez algo que comparte con la pasión, es lo que surge del interior pasando por encima de estorbos o piedritas en el camino; brota de dentro constantemente a partir del convencimiento del consciente desde el yo observante; emana como resultado de haber logrado un acuerdo generoso entre los deseos y objetivos de vida y la tolerancia hacia el pasado; haber puesto en el espacio del archivo muerto a las creencias limitantes que nos han dado tantos quehaceres.

El secreto es alcanzar el equilibrio que permita vivir sin las culpas y el constante lacerarnos por algún tema o capítulo sin resolver, por un círculo sin cerrar.

La tarea pasa por hacer que coincidan las apreciaciones externas hacia lo que nos rodea, con las internas. Congruencia, que es un fin en sí misma.

Para vivir en paz hay que ser partícipe de ella; para tener vida hay que sacar la pasión hasta de la serenidad; ubica bien las contrapartes; reitero, pasión y paz son semejantes y van de la mano.

Te invito a tener un proyecto y a darle sentido, te auguro un éxito rotundo si tu aderezo lleva intención y pasión.

¿Inyectas pasión a cada uno de tus pensamientos y actos?
Te deseo un fantástico viaje, recuerda observar tu palabra que es mágica. #lapalabraesmágica

www.realizate.com / @TerryGuindi