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Pasos de diamantina

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Los confines del tiempo

Estar aquí, o allá da siempre lo mismo, no hay un lugar en el mundo que no sea hermoso. Una higuera, un viejo arado enmohecido, un cañaveral, la tierra seca y sedienta. Todo, todo es hermoso en la vida, y no hay geografía que no entrañe si bien se la mira, algo de sagrado, o
de mágico.

Aquí o allá hay  aire fresco, con fragancias, melodías celestiales cantadas como por seres angélicos, apenas audibles. Caras, rostros colgados sobre la cornisa; rodajas del tiempo que dañan la memoria. Todos somos rodajas del tiempo, navajas frías, cartón prensado, recuerdos estrangulados.

Aquí o allá hay puertas que golpear de diferentes modos. Hay estrellas que relucen en cielos tan oscuros que iluminan pantanos, y sonidos aterradores que convierten paraísos en lugares infernales. Hay ocasos que no amanecen y atardeceres interminables repletos de placeres, y así se pasa la vida, resistiéndose a la convicción de que adentro no habita nadie, que el corazón es solamente una bomba anatómica de sangre, sin conciencia ni deberes.

Aquí o allá espero, llamo y vuelvo a llamar, con paciencia, con empecinamiento, con determinación. Y aunque me llegue la muerte,  no me importa, pues he dignificado la tarea más importante de mi vida. La lógica del mundo externo ha de equilibrarse con la del mundo interior: lo espiritual. Queda pues dirigir los Pasos de diamantina hacia adentro, hacia lo profundo; hacía la sabiduría, heredera de los eternos confines del tiempo.