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Pasos de diamantina

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

El ego

Ufana y gloriosa ciudad de las multitudes. Vanidad erguida en cada rostro. Sé que el mundo está ahí y esta terraza me comunica a esos espacios. Desde aquí observo, descubro, hago juicios de lo intangible, de las proximidades ásperas, de las entregas huidizas y las palabras son mi lenguaje frente a lo que no he revelado, el olvido o lo que oculta la vanidad y las transformaciones de la consciencia, la memoria y el espejo de lo perdido en el desvelo del tiempo frente a lo inconcluso de la existencia.

El ego es una máscara que nos oculta de nuestros miedos, es la fugacidad del mito, de una antigua vida heredada por los sueños hechos de silencios contemplativos. La vanidad mitiga los vocablos nos hace fríos, competitivos ante el trofeo que no sabemos valorar cuando lo obtenemos. El rostro extinto se desdibuja por los ojos de la memoria, apenas es  el encuentro fugitivo entre lo que tenemos y perdemos, porque la soberbia olvida las fumarolas de la abundancia de besos, el olor a hierbabuena fresca, los pasos de amores eternos, las caricias, el sabor de la sal de las mareas y
del viento de la tarde.

La arrogancia rompe las ilusiones ocultas en el baúl de la casa sin puertas ni ventanas; imita, se desgarra, no encuentra su sitio preciso en las multitudes que arrastran falsedades y parapetos  impuestos en  maniquíes
de porcelana.

El ego me ha dejado el hueco: la soledad en las riberas acariciadas y transeúntes, el reflujo del vómito doliendo vientre abajo, la pena de unas manos que acaricien la luna antes de que las nubes oculten su cuerpo radiante.

Espinas en gris y negro laceran mis ojos con acuarelas de verde y barro buscando lágrimas. La prepotencia me ha regalado el vacío que no habla, que duele desde todos los rincones de este silencio absurdo y espeso, máscara de bronce y azufre de aquellas risas que acariciaban los labios de la tarde.

La noche se ha quedado sin palabras, me escondo bajo las sábanas para no herir con mi orgullo los sentimientos sublimes que desprende el alma, y que con Pasos de diamantina se apresuran al vaticinio rojo  que se escapa por mi ventana abierta en
forma de plegarias…