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Pasos de diamantina

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

El verano

Hoy me he despertado con el calor quemando mi espalda. El verano ha llegado con su carga húmeda y sofocante, el Mediterráneo suelta su toque tropical desgastante. Me cuesta respirar el humo de la brisa, cerca del litoral hay una maraña de ideas que no suelta mi ánimo cobarde. Me he dado cuenta que los años no pasan en balde, que el tiempo no perdona, que los errores dejan yagas hondas, muy profundas y los recuerdos se hacen más grandes.

Cuántos días he vivido inmersa en emociones constantes, desmoronándome por apegos que se han ido apagando como el sol de una tarde. Cuántos sueños se han roto en algún despertar brusco y tardío, para mi alma que ha tejido fantasías con hilos ocres, por no hacer un buen nudo que enganche, un amarre sin mácula que no se desgaste. Cuántas cosas se han  perdido y han llegado en este transcurrir de barboquejos imperfectos y deformes. Pero la razón es una tonta que se esconde, no existe, no la encuentras y entonces se destruye en la persistente búsqueda de historias fantásticas que hagan del existir algo uniforme.

Es verano y me despierto agazapada a un sopor que humedece mi piel y escurre por mis muslos hasta derretirlos impetuosos, fatigados, sumergidos en el ojal de mi categórica imagen. No sé qué me fatiga más, si el calor descarado o el gozo, que aunque no quiera se cuelga del cuerpo. Pero no todo es tan punzante: Lo grandioso es la suma de nuevas emociones, emociones que destruyen la caparazón que cargo entre los hombros. Emociones que llegan; que se suman, que comparten, que ríen y que sueñan.

No me gusta predecir el futuro, ni contar el pasado, mucho menos en estas líneas escritas en presente, pero me encanta el hombre con el que sueño todas las noches en este verano pasmoso e inconsciente, con el que comparto una línea hermosa de sensibilidad, que mi corazón atesora y avanza con Pasos de diamantina hacía un sentimiento que crece en el espíritu como una bendición decretada por ángeles.