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Paul Krugman

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Verdad y trumpismo

¿Cómo manejarán los medios informativos la batalla entre Hillary Clinton y Donald Trump? Sospecho que sé la respuesta… y va a ser en verdad frustrante. Pero quizá, solo quizá, indicar por adelantado algunos pecados periodísticos de tipo común puede limitar el daño. Así que, hablemos sobre lo que puede y probablemente salga mal en la cobertura, pero no tiene que.

En primer lugar, y menos dañino, será la urgencia de hacer parecer más reñida la elección de lo que es, aunque solo debido a que una contienda cerrada parezca una historia mejor. Se puede ver ya esta tendencia en sugerencias de que el asombroso resultado de la lucha por la nominación republicana significa, de alguna manera, que encuestas y otros indicadores convencionales de fuerza electoral carecen de significado.

Sin embargo, la verdad es que las encuestas han sido indicadores bastante buenos desde el principio. Expertos que descartaban las probabilidades de una nominación de Trump lo hicieron pese a, no debido a, las encuestas, que han estado mostrando una gran delantera de Trump durante más de ocho meses.

Ah, y no atribuyamos demasiada importancia a una encuesta en particular. Cuando se levantan muchas encuestas, seguramente habrá unas pocas en los extremos, tanto debido al error aleatorio en la muestra como por los prejuicios que pueden colarse en el diseño del sondeo. Si el promedio de encuestas recientes muestra una fuerte delantera para un candidato -como lo hace actualmente para Clinton- cualquier sondeo individual que no coincida con ese promedio debería ser tomado con grandes cantidades de sal.

Un vicio de mayor importancia en la cobertura política, que hemos visto con demasiada frecuencia en elecciones previas -pero será mucho más dañino si ocurre esta vez- es la falsa equivalencia.

Usted pudiera creer que esto sería imposible con respecto a sustanciales temas de política, donde la asimetría entre los candidatos casi es ridículamente obvia. Para tomar la comparación más llamativa, Trump ha propuesto enormes recortes fiscales sin compensaciones verosímiles de recortes al gasto, pero también ha prometido reducir la deuda estadunidense; en tanto, Clinton ha propuesto modestos aumentos al gasto, pagados por aumentos específicos de impuestos.

Esto es, uno de los candidatos participa de una fantasía sumamente irresponsable mientras la otra está siendo bastante cuidadosa con sus números. Pero, cuidado con análisis informativos que, en nombre del “equilibrio” restan importancia a este contraste.

Esto no es un fenómeno nuevo: Muchos años atrás, cuando George W. Bush estaba mintiendo claramente con respecto a su aritmética presupuestaria pero nadie lo informaba, sugerí que si un candidato declaraba que la Tierra era plana, los titulares en diarios dirían: “Forma del Planeta: Ambas Partes Tienen Razón”

Sin embargo, este año podría ser “mucho, mucho peor”.

¿Y qué pasa con cuestiones menos cuantificables con respecto a la conducta? Ya he visto expertos sugiriendo que ambos nominados pelean sucio, que ambos han seguido el “camino bajo” en sus campañas. Para que conste, Trump ha impugnado la masculinidad de sus rivales, los ha llamado mentirosos y sugerido que el padre de Ted Cruz estaba asociado con el asesino de JFK. Del otro lado, Clinton ha sugerido que Bernie Sanders no ha hecho su tarea con respecto a algunos temas estratégicos. Estas cosas no son lo mismo.

Finalmente, casi puedo garantizar que veremos intentos por esterilizar las posturas y motivos de partidarios de Trump, por restarle importancia al racismo que está en el corazón del movimiento y pretender que lo que realmente interesa a los votantes son las prioridades de gente entendida de D.C.; proceso en el que pienso como “centrificación”.

Eso es, después de todo, lo que ocurrió después del ascenso del Tea Party. He visto alegatos en el sentido que integrantes del Tea Party se sintieron motivados por rescates de Wall Street, o incluso que el movimiento era sobre todo acerca de responsabilidad fiscal, impulsado por electores molestos con los déficits presupuestarios.

De hecho, nunca hubo una insinuación de que tuviera importancia cualquiera de estas cosas; si se seguía el verdadero progreso del movimiento, siempre era sobre votantes blancos que se enojaban ante la idea de que sus impuestos pudieran ser empleados para ayudarle a Esa Gente, sea a través de alivio hipotecario para agobiados propietarios de hogares pertenecientes a minorías o cuidado de salud para familias de bajos ingresos.

Ahora veo sugerencias de que el “trumpismo” está impulsado por inquietudes sobre atolladero político. No, no es así. Ni siquiera tiene que ver principalmente con “ansiedad económica”.

El apoyo de Trump en las primarias se correlacionó vigorosamente con el resentimiento racial: estamos ante un movimiento de hombres blancos enojados porque ya no dominan la sociedad estadunidense de la manera que solían hacerlo. Y pretender otra cosa equivale a darle un pase libre tanto al movimiento como al hombre que lo encabeza.

A final de cuentas, malos reportajes probablemente no cambien el resultado de la elección, porque la verdad es que esos hombres blancos y enojados están en lo correcto con respecto a su menguante participación. Estados Unidos se está volviendo una sociedad racialmente diversa y de tolerancia social, nada parecido a la base republicana, ya no digamos la pluralidad de esa base que eligió a Donald Trump.

De cualquier forma, la población general tiene el derecho a estar informada como se debe. Los medios informativos deberían hacer todo lo que puedan por resistirse a la falsa equivalencia y centrificación, e informar lo que realmente está sucediendo.