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¡Peca esta temporada!

  • Leer la clave del poder: Andrea Balanzario Gutiérrez

¡Compra muchos libros! Antes, un poco de historia, los pecados capitales del cristianismo son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza. Hasta aquí van siete, pero el monje Evagrio Póntico pensó bien y añadió uno más: el orgullo. Ese mismo pensador, especialista en las debilidades humanas, dividió los ocho pecados en dos clases, la primera “vicios del derecho de posesión y la segunda “vicios irascibles” que no son deseos (según él) sino carencias, privaciones y frustraciones. Siempre he pensado la bibliomanía, —el gusto de leer y conservar libros— como un espacio paralelo a lo que Santo Tomás de Aquino, el mencionado Evagrio Póntico, Cipriano de Cartago, Juan Casiano, Culombano de Luxieull y Alcuino de York, insistieron en enumerar como graves faltas del control humano… allá ellos, para mí los libros son esenciales a la vida humana.

Dime ¿nunca has comprado más libros de los que deberías? Yo sí, en muchas visitas a las librerías, por esta falla tal vez amerite ser inscrita en la avaricia editorial, siempre quiero más libros aunque me falten paredes para colocar libreros en mi casa. ¿Envidia? También he pecado de ligera envidia, sobre todo por libros que no puedo conseguir en nuestras librerías. La obra completa de escritoras tan interesantes como la egipcia Nawal El Saadawi y mexicoamericana Sandra Cisneros (ya lo había dicho, pero no en un espacio destinado a mi confesión) no está disponible en ejemplares físicos y yo los quiero tocar, sentir, olor, leer y poseer en papel.

¿Lujuria? Ni comentar este pecado. ¿Cuántos libros habré leído que incitan al más natural y hermoso sentimiento: el amor carnal entre dos seres? Cientos y todos ellos con bastante provecho. ¿Soberbia? Déjame ver, si por soberbia se acepta el sentimiento de superioridad frente a los demás, mismo que provoca un trato distante o despreciativo hacia ellas y ellos. No creo. Habría que pensarlo bien aunque pienso la lectura como un puente interpersonal, es decir, si soy mujer puedo leer lo que siente un hombre y comprenderlos mejor. La lectura es esencialmente, ya lo dijo alguien por ahí, una escuela de tolerancia y empatía… pero… a veces sí me he sentido, si no superior, si muy afortunada solo por tener libros hermosos. ¿Para qué lo voy a negar?

La ira y la pereza no me parecen adecuados para la bibliofilia, pero sí te invito a pecar (léase comprar) muchos libros esta temporada de ferias. Hoy te recomiendo ocho títulos con los que practicar tus pecados capitales: