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Peligrosa combinación de nuevos media e indignación

  • Alejo Martínez

Don Carlos Marx no tenía muy buena opinión de la clase campesina porque consideraba que solo en muy escasas ocasiones había logrado rebelarse contra los sistemas de dominación y explotación que la oprimían. En cambio, juzgaba que la clase obrera sí era revolucionaria y que estaba mostrando mucho mayor capacidad para rebelarse contra tales sistemas. El brillante ideólogo tuvo la oportunidad de vivir de cerca los inicios y el tan impresionante como relampagueante ascenso de la clase obrera.

Las condiciones de cercanía física y de estrecha comunicación en que trabajaba, vivía y convivía esta nueva clase social diferían considerablemente de la mayor distancia física y menor comunicación en que se desempeñaba la clase campesina. Por ello en buena medida, las condiciones de trabajo y de vida del sector obrero se prestaron de mucha mejor manera a brindarles capacidad de organización y movilización, para convertirla en esa clase social revolucionaria y de vanguardia a la cual Marx ponderaba como la clave maestra que conduciría a superar el capitalismo avanzado a fin de elevarlo hasta su concebido sistema socialista.

Si bien no fueron los países de capitalismo más avanzado, como pensaba Marx, los que finalmente desembocaron en el sistema socialista, sino naciones considerablemente atrasadas como la Rusia zarista, sí quedó claro que los obreros del capitalismo constituyeron una clase revolucionaria que impulsó profundos cambios y alcanzó enorme poder político y de negociación. Buena parte de esa capacidad de rebeldía encuentra su fundamento en el entorno de convivencia que les brindó una muy propicia plataforma para la comunicación y la organización. Tengamos presente que históricamente los estratos sociales dominantes han podido serlo porque han desplegado mayores habilidades para organizarse en el control del poder y para organizar supeditadamente a los demás.

Lo que el mundo está viviendo ahora es algo que no tiene paralelo histórico: hoy como nunca las vastas poblaciones gobernadas están disponiendo de una intensidad de intercomunicación asombrosa, inimaginable hace algunas décadas, lo cual a su vez pone las bases para una capacidad de organización con un potencial casi ilimitado. Evoquemos un solo ejemplo del enorme poder de comunicación, organización y movilización social de los nuevos medios, la autoinmolación de Mohammed Bouazizi, el tunecino que al proyectar las imágenes del momento en que incendió su cuerpo en 2011, terminó incendiando gran parte de los gobiernos dictatoriales del Medio Oriente y del Norte de África.

Ya no es solo la comunicación a través de los medios masivos por la vía receptiva para la gran población. Hoy las masas otrora receptoras se han vuelto emisoras, comunicadoras no solo por las vías de los interactivos periodísticos, sino en forma cada vez más intensiva por medio de las omnipresentes redes sociales, que se convierten en poderosas cajas de resonancia para centenas de millones de internautas. Hoy se está forjando así una clase social mucho más numerosa, con mayor poder de intercomunicación y más revolucionaria que la obrera. Y nos topamos además con que dentro de ese gigantesco sector existen muchos, demasiados que están indignados, inconformes o a disgusto con sus gobiernos y que despotrican contra ellos y sus partidos políticos en las redes sociales. Son peligrosos pasos previos a la organización y la movilización sociales que amenazan a los actuales gobiernos.

amartinezv@derecho.unam.mx      @AlejoMVendrell