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Pelo en el ombligo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Si doy por título a esta colaboración “Pelos en el ombligo”, se podrían sentir molestos o hacer cara de “fuchi” de inmediato; mientras que si elimino el plural, como lo hice, segura estoy que les parece más sutil. Todo, por una simple letra.

¿Acaso usted mujer, hombre, conoce a alguien que tenga pelos en el ombligo? ¿Realmente será horrible tenerlos o que los tengan? ¿Qué lugar sería el peor para tener pelo o vellosidad?

Verán ustedes, queridos lectores, las últimas ocasiones que me siento a trabajar en algún texto, viene lo inmediato y me lo cambia. Así ocurrió esta ocasión, en que pensaba abordar un tema por demás hermoso: Incitadoras de vocaciones (después lo escribiré). Sean pues estos tiempos vertiginosos, volátiles, en que nada se detiene, lo que me mueve todo. Bueno, de hecho, nunca se ha detenido nada, no existe lo estático, pero quizá parece que todo lleva estos días, más velocidad; no necesariamente, mayor entraña.

Por la mañana del 14 de febrero, en el gimnasio, me dice mi entrenador: -Hoy está muy agitado, hay mucha gente. Yo pienso que la mayoría deben de ser casados, si no, ¿qué están haciendo aquí?

-¡Hombre! ¡No me digas! ¡La gente tiene que trabajar! Si celebra un 14 de febrero, lo hará por la tarde, replicó yo.

-Te lo digo –me comenta-, si fueran solteros, lo planearían desde antes y todo el día estarían en el hotel.

Después de su ‘gran análisis’, pongo cara de no entiendo. Total que me platicó que cuando él se iba con la novia, los hoteles no eran por cuatro horas. Los tiempos han cambiado, sostengo yo, aunque sigo sin entender eso de que el gimnasio esté repleto, porque la mayoría sean casados. Habría que hacer un análisis cualitativo y cuantitativo. ¡Vaya!

Ingreso a una clase de zumba, en que el instructor nos repite durante toda la clase: -Estamos calentando. Para finalmente resultar, que nos quedamos en el calentamiento; sabedor de que es 14 de febrero. Quiero suponer que él tiene más idea de aquéllas fiestas paganas a las que se llamaba las lupercales, que se desarrollaban en la Roma antigua, en que se azotaba a las mujeres, quienes parecían gustosas de ello; con la creencia que aquello, generaba mayor fertilidad. Obvio, después podrían contar con la licencia sexual, tal vez a ello nos estaba encaminando… Mucho tiempo después vendría San Valentín y los enamorados, con el cristianismo.

Ese mismo día, me encontré con Maru, que me repitió asombrada lo que había escuchado en la radio, que se había roto el récord para este 14 de febrero en México, antes que en compra de condones, en venta de peluches… Nos hemos vuelto sentimentales, ¡qué carambas!

Entonces fue que recordé que a mis amigas les genera una terrible urticaria, repulsión y escándalo, imaginarse que alguien con quien tengan sexo pueda tener pelos en el ombligo. Cierto, no se escucha bonito, pero pues en las orejas se puede tener pelo, en las fosas nasales también, se lo tiene en las axilas; los caracteres secundarios nos lo marcan muy bien. Pelo en algún lunar. En el cuello…

Y considerando los peluches, que son lo más romántico que se ha vendido para este 14 de febrero, en memoria de quien sea, me gustó elucubrar sobre el pelo, que antes teníamos por doquier.

Así que piensen ustedes qué zona sería la peor para tenerlo, ¿acaso en los glúteos? ¿Qué tal alguien así, sedoso al tacto? ¿En el cuello? ¿Vello frondoso sobre la nariz, en los nudillos, en los párpados?

Lo acepto, a mí me encantan los hombres velludos, no me molesta el vello en el rostro, en los brazos, en el pecho, el abdomen, en las piernas, pero no me lo imagino en toda la espalda, hombros y los glúteos, tampoco en la planta de los pies. Algún tiempo, ancestralmente, debimos portarlo, generoso.

¿Qué dirían los varones, respecto a mujeres que tuviesen vello tupido en los senos, en el dorso de las manos, en la palma?

Muchas mujeres se quitan los dos o tres pelitos que les sale en la barbilla… Pues bueno, luego resulta que muchos se quejan de ser lampiños o de tener poco pelo en la cabeza.

¿En qué lugar les gustaría más?¿En qué lugar les repulsaría totalmente? Cuéntenme. Comentarios: celiatgramos@gmail.com