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Peña en la ONU / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

La participación del Presidente de México en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre Drogas (UNGASS) de 2016 se llevó a cabo el día de ayer, después de que pudo no haber tenido lugar.

La causa principal que se argumentó para no viajar a Nueva York era hasta cierto punto válida, como el hecho de la visita del Primer Ministro italiano a México; visita que se pospuso un día. Y aunque por una razón de peso; Presidencia deseaba tener los resultados oficiales de la consulta nacional que concluyó hace unos días, de los cinco foros regionales realizados en México, sobre la producción, uso y consumo de la marihuana.

Todo ello es válido, salvo que el compromiso en las Naciones Unidas era un compromiso de Estado, en el que México se vio involucrado desde que promovió, en la década de los 90, abrir la discusión sobre drogas y narcotráfico, por las dimensiones ya alcanzadas en esa época. Pero si nos remitimos a tiempos más cercanos, en septiembre de 2012, el país junto con Colombia y Guatemala, impulsó un nuevo encuentro respaldado por la mayoría de los miembros de la ONU para adelantar a 2016 una cumbre mundial sobre políticas de drogas.

Al ser congruente con el cumplimiento de las reglas de la diplomacia, el presidente Peña estaba en la obligación de asistir, pues no fue un compromiso de un Gobierno sino del Estado y agendado con mucho tiempo de anticipación. Pero lo más importante, es que tenía que estar presente en la Asamblea General por la misma lucha que se está dando al interior de México y por ser una de las prioridades nacionales por todo lo que ello implica.

De esta manera, se está haciendo un nuevo llamado al grave problema mundial que la falta de control internacional, y no solo de un país o una región en particular, ha generado. Vemos pues, que en naciones en desarrollo y en las más desarrolladas se están tomando decisiones parciales o generales, pero políticas al fin, que en México hay que comenzar a echar a andar.

Lo que dijo el presidente Peña el día de ayer en el decálogo que leyó, bien vale la pena que haya tomado la decisión viajar, pues la media hora que ocupó fijaron una posición en la que todos los actores no pueden más que estar de acuerdo, para hablar del principio de responsabilidad común compartida, exponer la defensa de los derechos humanos, la vulnerabilidad de los mismos; el reconocimiento de que la política prohibicionista no ha dado resultado. Sus efectos en la salud y la necesidad de educar a la población en estos temas, así como la inseguridad que limitan la paz y la cohesión social.

Como otro de los puntos, pidió “…alinear las políticas públicas y acciones derivadas de la política internacional con el programa de desarrollo sostenible 20-30 aprobado por las propias Naciones Unidas”. La importancia de esto es que el tema de las drogas habrá que insertarlo también en uno más amplio que es el del desarrollo sustentable y todo lo que este concepto representa.

Concluyó con que “…en el siglo 21 transitemos de la mera prohibición a la prevención y eficaz regulación: miles de vidas dependen de ello”.