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Peña Nieto, visión de Estado

  • Jorge Galicia

Hace poco más de tres meses, cuando en el marco del encuentro sostenido entre el candidato a la Presidencia estadunidense del Partido Republicano, Donald Trump, y el mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, usuarios de las redes sociales y en general la opinión pública se desgarraban las vestiduras por la supuesta falta de pericia política mostrada por el titular del Ejecutivo federal, al reunirse con quien al calor de una campaña política lanzó expresiones racistas, de odio y discriminación contra la población migrante radicada en el vecino país del norte, en especial contra la comunidad latina.

En aquel entonces, escribimos que parecían entendibles las posturas de rechazo hacia el encuentro que impulsó el Gobierno mexicano con quien puso como uno de sus ejes de campaña el insulto contra los migrantes mexicanos y planteó construir un muro en la línea fronteriza de ambas naciones en caso de llegar a ser presidente.

En medio de innumerables reclamos al Gobierno mexicano, hubo quienes pidieron declarar persona non grata al señor Trump y otros exigían que públicamente se retractara de sus dichos o se disculpara por los agravios y ofensas vertidas contra nuestros connacionales migrantes, todo ello sin considerar los gestos diplomáticos que en esos casos se aplica en la recepción de mandatarios, dirigentes y personalidades extranjeros, y sin importarles la máxima Juarista en materia de política interna que señala: “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, frase que ha trascendido como fórmula universal de convivencia humana.

Es cierto había razón en los calificativos que en general los latinos expresamos contra el polémico candidato y en ese sentimiento muy pocos perfilaron la posibilidad de que el empresario ganara la contienda electoral para convertirse en el presidente número 45 de la nación más poderosa del mundo. Donald Trump ya es presidente electo y las voces que antes pedían renuncias, juicios políticos y buscaban camorra contra la investidura presidencial en la persona de Enrique Peña Nieto, hoy en su mayoría han optado por el silencio.

En esa ocasión nos preguntamos si una disculpa sería suficiente ante tanto agravio o si ello borraría de tajo el odio y racismo casi convertido en política pública, la respuesta fue no. Y agregamos que no “porque a lo que pudiera venir de dientes para afuera lo que importa es la realidad, ya que unas simples palabras no van a terminar con los atropellos de derechos humanos que día a día sufren nuestros paisanos indocumentados o los que son discriminados por su color de piel”.

Apuntamos que lo que verdaderamente interesaba en el diálogo y acercamiento iniciado entre el Gobierno mexicano y el entonces candidato era reimpulsar la agenda de asuntos bilaterales existentes entre México y Estados Unidos, donde se dieran seguimiento a compromisos firmados y buscar nuevos en materia de derechos humanos, migración, seguridad en nuestras fronteras, cooperación e intercambio comercial, y otros asuntos no menos importantes.

El tiempo le dio la razón al Presidente mexicano, en el encuentro con el ahora presidente electo de EU se impusieron la visión de Estado y la idea de construir puentes de entendimiento a partir del ejercicio de la política. Ojalá que en la práctica esa fórmula pronto rinda frutos de sana y fructífera convivencia entre ambas naciones a pesar de los dichos de Trump.
jorgelgalicia@yahoo.com.mx