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Penalización del contagio de VIH/SIDA / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi

  • Claudia Corichi

Gandhi decía que la verdadera riqueza en este mundo era la salud y no el oro o la plata. Para aquellos enfermos terminales o quienes padecen males que no tienen cura, e incluso aquellos con una larga enfermedad, la afirmación es verdad pura. Hoy que conmemoramos la Lucha Mundial contra el SIDA, como se ha hecho desde 1988, es momento de reflexionar sobre las terribles consecuencias que el silencio, los estigmas, y los prejuicios han traído.

Hace unas semanas, la noticia sobre el VIH del actor Charlie Sheen no solo evidenciaba la permanencia de esta enfermedad en uno de los sectores sociales más exclusivos de Estados Unidos, sino también el hecho de que este mal que cobra millones de vidas anualmente en África y Sudamérica, ha sido imposible de contener.

En el marco de esa nota que acaparara las secciones de farándula, quedaba la interrogante sobre el potencial de contagio en razón del estilo de vida “hollywoodense”, aunado a la demanda planeada por al menos seis mujeres en contra del actor por haberlas expuesto al virus, ya que presuntamente, nunca supieron del estado de salud de Sheen.

Y es que, la ley del Estado de California establece una pena de entre seis meses y ocho años de cárcel solo por tener sexo sin protección sabiendo que existe un diagnóstico de SIDA, por lo que la gravedad de la condena dependerá hasta ahora, de comprobar si Sheen tenía la intención de mentir y transmitir la enfermedad o no. Recientemente en San Diego un juez otorgó en razón de los mismos argumentos, una condena de medio año a una persona por exposición intencional al virus.

Pese a que la misma ONUSIDA instó a no crear leyes especiales que criminalizaran la transmisión del VIH, la mayoría de las legislaciones estatales en Estados Unidos castigan conductas que puedan tener como consecuencia la transmisión del VIH.

En África, una de las regiones más afectadas por este virus, poco más de 16 países cuentan con leyes del VIH. En la mayoría de los casos, estas leyes establecen requisitos sobre la revelación del estatus a los cónyuges o parejas sexuales de la persona enferma, siendo incluso facultad de los profesionales de la salud “advertir” a estos sobre los casos.

Por el contrario, la mayoría de los países europeos han acatado la recomendación de ONUSIDA y se han limitado a considerar si, a partir de sus leyes vigentes, puede considerarse algún supuesto de transmisión del VIH como constitutivo de delito.

En México existen poco más 124 mil personas vivas infectadas con VIH/SIDA, de las cuales 45 mil son mujeres que en el 90 por ciento de los casos contrajeron la enfermedad por transmisión sexual, lo que evidencia que al igual que en el caso del Virus del Papiloma Humano, los hombres son los principales causantes de que la enfermedad llegue a las mujeres.

En el país, esta epidemia es heterogénea; pues en el sur es predominantemente heterosexual y la proporción de infectados es casi de dos hombres por una mujer, mientras que en el centro y norte es homosexual, igualmente con mayor predominancia de los hombres. Hasta ahora solo 13 Estados contemplan penas por contagio de enfermedades venéreas, siendo Veracruz y Guerrero los que consideran hasta cinco años de prisión como pena máxima.

Es urgente que pacientes, médicos, organizaciones, y legisladores sienten una mesa para establecer mecanismos más amplios de combate al SIDA. No solo debemos evitar la victimización de las personas que padecen este virus, sino promover que en efecto, cuando exista intencionalidad, se sancione la transmisión, por muy complejo que esto pueda llegar a ser, la finalidad es detener esta pandemia.

Decía Schopenhauer, que la mayor de las locuras es sacrificar la salud por cualquier otro tipo de felicidad. En este caso acabar con los prejuicios, y terminar con el tabú ligado a las relaciones sexuales y por ende a esta enfermedad, depende en gran parte de que como sociedad establezcamos las reglas del juego, la vida de millones está en peligro. Por ahora, y mientras las farmacéuticas no cedan en la liberación de patentes como lo he señalado, la mejor estrategia contra el SIDA seguirá siendo la información y la prevención.