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Peregrino de la guerra

  • Eduardo Andrade

Apesar de que Trump promociona su primer viaje internacional como una especie de peregrinaje por la paz, durante el cual tomará contacto con tres ámbitos religiosos de primera magnitud en el mundo como son el islam, el judaísmo y la iglesia católica, la verdad es que su discurso parece más un mensaje de guerra en cuanto privilegia la suscripción de jugosos contratos con Arabia Saudita relacionados con aprovisionamientos militares; emplea un tono brutalmente amenazador contra Irán y lanza ominosas advertencias a los países árabes a los que prácticamente regañó y les ordenó actuar contra el terrorismo.

Su afirmación de que no iba a impartirles una conferencia a los participantes en la reunión internacional celebrada en Riyad el domingo, quedó desvirtuada por sus agresivas advertencias sobre la necesidad de cooperar con Estados Unidos para combatir el terrorismo a riesgo de convertirse en enemigos de la gran potencia si, a su juicio, no hacen los esfuerzos suficientes en ese sentido.

En Israel, la comparecencia ante la prensa de Trump y Netanyahu resultó decepcionante. Solo hubo declaraciones genéricas, los jefes de Estado no contestaron preguntas de los periodistas y quedaron en el aire múltiples cuestiones relacionadas con la manera como podría alcanzarse la anhelada paz entre judíos y palestinos. Un punto fundamental es el cumplimiento de las resoluciones de la ONU por virtud de las cuales debe constituirse un estado palestino que permita a ese pueblo vivir con independencia y dignidad dejando atrás la humillante ocupación de la que es objeto.

Una referencia específica a este propósito era esperada por gran parte de la comunidad internacional dentro de la cual se abre paso cada vez más una idea que sintetizó muy bien la revista The Economist en su número más reciente, al decir que por el bien de la paz y la democracia en esa región, Israel necesita un Estado palestino junto a él.

En un extenso reportaje, esta publicación de gran prestigio hace notar que al recuperar su tierra prometida, Israel la recibió con una población palestina que no puede ni absorber ni expulsar y durante los últimos 50 años ha expandido su dominio creando asentamientos poblacionales de judíos sobre una tierra que no le corresponde y ha mantenido una ocupación militar sobre la población palestina, negándole el derecho a constituir su propio estado que, de acuerdo a lo resuelto por la ONU, originalmente, era una condición aparejada a la creación del estado de Israel. El incumplimiento de esta condición ha alimentado la violencia y ésta a su vez ha dificultado el cumplimiento.

Lo que sería una ocupación “temporal” se ha prolongado por medio siglo y se ha traducido en un interminable sojuzgamiento de los palestinos que genera, según el análisis de la referida publicación, una erosión de la democracia interna en Israel en cuyo seno se alimenta un odio racial y religioso del que nacen conductas violatorias de derechos humanos al extremo de pretender prohibir la publicación de una novela que narra un romance
árabe-judío.

El etnocentrismo judío desplaza a los árabes de la igualdad de oportunidades al grado de que algunos hablan de una especia de apartheid. Un exprimer ministro ha estimado que ha aparecido un “fascismo en ciernes”, lo cual constituye sin duda un shock cultural, si se toma en cuenta el sufrimiento de los judíos durante el régimen nazi alemán.

Sin mayores precisiones al respecto Trump resaltó que desea mejorar la vida de todo el planeta y así pretende convertirse en lo que dijo que no iba a ser: el presidente del mundo.

eduardoandrade1948@gmail.com