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Perspectivas de la Reforma Educativa

  • Jaime Alcántara

¿Qué otro regalo más grande y mejor se le puede ofrecer a la República que la educación de nuestros jóvenes?

MARCO TULIO CICERÓN

  • Jaime Alcántara Silva

Quizá el proyecto económico más ambicioso del país lo haya sido el TLC. De principio, la liberación comercial fue, sin lugar a dudas, traumático para las áreas que no estaban preparadas. Es decir, en el corto plazo, buena parte de las industrias como la electrodoméstica, la textil, la juguetera, quedaron arruinadas. Por eso, muchos empresarios, vieron que allí no habría futuro y se fueron al comercio, dando al traste con la producción nacional, sobre todo la manufacturera.

Sin embargo a la distancia, el proyecto encontró espacios suficientes para mejorar y colocar productos que otrora jamás se hubiera pensado.

La idea, empero, que pudo haber permeado en la mente de Carlos Salinas de Gortari, fue una menor distancia de México con los países más prósperos del globo. Y el Tratado pudo haber sido el gran vehículo.

Qué faltó. En los inicios se pensaba de un parangón con España y/o Portugal, en la integración de Europa. No hay que olvidar que las dictaduras de ambos países, hicieron que sus economía fueran de lo más retrasado hasta los años 70’s, 80’s. Y, lo lograron. Lo de las crisis de finales de la primera década de este siglo es otra historia.

Pero, por qué falló el TLC, en el mediano plazo.

No obstante los sucesos de finales del sexenio salinista, como las muertes de Luis Donaldo Colosio y de Francisco Ruiz Massieu; y la asonada del EZLN, el tratado cumplía sus expectativas.

Para la administración zedillista fue la gran maravilla y, aún para las siguientes dos.

Casi al iniciar este milenio, algunos analistas decían que fueron dos factores los que impidieron que el diseño comercial hubiera seguido teniendo el éxito del inicio.

Uno, fue la educación y, dos, el desarrollo social, sobre todo en el campo.

Los dos subsecuentes sexenios, el de Zedillo y el de Fox poco o nada hicieron por revitalizarlo. Y, con ambos se entiende.

Zedillo estaba enojado en contra de su padre político. Y, le sobraba razón: lo hizo Presidente; y eso no podría perdonarlo.

Con Fox, bueno.

Al primero le redituó tanto que terminó con un crecimiento del 6.7 por ciento de la economía. Al guanajuatense, todavía mejor: no obstante sus burradas, el país no se fue a la lona como el caso de la Argentina de De la Rúa.

Con la llegada de Enrique Peña al Ejecutivo Federal, las posibilidades de reformas eran muchas. Casi todas se cumplieron. La principal, para mi gusto, fue la educativa.

Era lógico que hubiera reacciones como las que hemos visto en los últimos años. De otra manera, para qué una reforma, si todo estaba bien.

Y, tan es buena esta, que hasta personajes tradicionalmente refractarios a este tipo de proyectos, como AMLO y Alejandro Encinas, han manifestado alguna manera de respaldo con este acto de Gobierno.

AMLO dijo que habría que “revisarla, no derogarla”.

En este entendido se puede comprender la importancia de la reforma.

Para poder ser competitivos y aspirar a tener mejores estadios de vida, indudablemente que se necesita educación de calidad. Primero los Tigres Asiáticos, después la BRIC, todos, todos apuestan por la educación.

Por supuesto que es a mediano plazo. Incluso Peña ya no lo verá. No se puede educar en un sexenio, eso es definitivo.

Buscar caminos para que la educación sea de calidad, es una prioridad. Sin capacitación y evaluación de l@s profesor@s, ninguna puede aspirar a llegar a buen puerto.

jaimealcantara2005@hotmail.com