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Perú: un crecimiento sostenido evita explosión de indignados / Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

La república del Perú con sus 32 millones de habitantes está constituyendo un caso especial, en cierta medida atípico, de lo que está sucediendo en muchos países del mundo. En Perú parece que no hay indignados, no hay iracundos, o más bien, éstos son una muy pequeña parte de la población; no hay rompimiento o resentimiento con las instituciones gubernamentales que se expresen mediante enormes estratos sociales distanciándose de los partidos tradicionales e inclinándose en forma abierta hacia los extremos ideológicos, sean éstos de izquierda o de derecha, como está sucediendo en partes estratégicas del mundo.

En las elecciones presidenciales y del Congreso del pasado domingo 10, en las que participaron 10 candidatos a la presidencia, en números redondos Keiko Fujimori (de 40 años, hija del hoy encarcelado expresidente Alberto, Fuerza Popular) alcanzó el 40 por ciento de la votación, Pedro Pablo Kuczynski (77 años, Peruanos Por el Kambio, PPK) el 21 por ciento y Verónika Mendoza (35 años, Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad) el 19 por ciento. Los dos primeros, declarados partidarios de la continuidad en las políticas económicas del Gobierno y ubicados en el abanico ideológico peruano como de centro-derecha, serán quienes se enfrenten por la Presidencia en la segunda vuelta prevista para el 5 de junio próximo. Ambos, al menos como propaganda de campaña, han prometido también que dedicarán mayores recursos a los programas sociales de apoyo a los más necesitados.

El hecho de que la opción ubicada en el espacio de la indignación contra los gobiernos, la de las promesas de cambios radicales, o de la otrora muy exitosa corriente reeleccionista bolivariana, promovida por Hugo Chávez, representada en Perú por la joven lideresa Verónika Mendoza, haya obtenido un apoyo de apenas 19 por ciento, parece ser producto de algo positivo que ha venido sucediendo en las tierras de Túpac Amaru. Perú junto con Panamá y Uruguay han sido los países que han tenido el mejor desempeño económico en el continente durante las dos últimas décadas. Si bien Perú no ha podido tener momentos estelares de reducción de la desigualdad económica, como la lograda en algún momento por Venezuela o Brasil, sí ha logrado ser muy consistente en su crecimiento y tampoco ha sufrido los graves descalabros que lamentablemente han debido padecer aquéllos.

A partir de 1993, durante el tercer año del primer Gobierno de Alberto Fujimori empezó la etapa de persistente crecimiento económico del Perú bastante por encima del promedio latinoamericano. Ese notable crecimiento solo se ha visto interrumpido por un breve retroceso a raíz de la salida de capitales por la crisis asiática y por el fenómeno climatológico negativo de “El Niño” en 1998 con una caída en su PIB de 0.39 por ciento. Como consecuencia de la crisis financiera que afectó con fuerza al mundo, en 2009 no tuvo un grave retroceso como sucedió en México, pero su crecimiento fue de apenas 1.05 por ciento.

Finalmente, en 2014 y 2015 también ha tenido que enfrentar una reducción importante en su acelerado ritmo de crecimiento, ya que como efecto de la caída que han experimentado en general las materias primas o “commodities” en la economía mundial, el Perú, productor y exportador importante de paprika, cobre, plata, oro, mango, entre otros, no ha pedido rebasar el 3 por ciento de incremento del PIB en este par de años. Pero en todo caso su promedio en el ritmo de crecimiento ligeramente superior al 5 por ciento anual desde 1993, sigue encontrándose muy arriba del promedio latinoamericano.

De acuerdo con http://www.datosmacro.com/pib/peru el PIB per cápita de Perú tuvo un gran salto de 2 mil 211 euros en 2005 hasta 5 mil 426 euros en 2015, pero continúa siendo un país de ingreso promedio sumamente precario. A mediados de los 90s logró controlar su elevada inflación y comenzó a reducir su nivel de deuda pública, al tiempo que ha venido conquistando un enorme avance en términos de reducción de pobreza, la cual al principio de los 90s rondaba el 60 por ciento y para 2014 el Banco Mundial la calcula en 22.7 por ciento.

Los persistentes altos niveles de desigualdad y pobreza en México y Perú siguen reclamando políticas de izquierda, pero éstas exigen para su aplicación aparatos gubernamentales honestos y eficientes y ahí, al menos en México, nos encontramos en deplorable déficit.
amartinezv@derecho.unam.mx @AlejoMVendrell

Alto crecimiento sostenido y redistribución del ingreso: eficientes antídotos contra la hoy endémica iracundia.