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Perversiones de la política (I)

  • Jaime Alcántara

La política siempre ha estado en el banquillo de los acusados. No es un caso de moda, de posmodernidad, de eventos. La política no satisface a nadie, excepto a los políticos. El asunto es que allí está y alguien tiene que hacerla.

Los beneficiados de las decisiones políticas se sentirán a gusto, temporalmente; los perjudicados, siempre estarán insatisfechos. Aquí no hay “moneditas de oro”. Adicional a esto, hay personajes que se han empeñado en enturbiar la política (una buena muestra de ello puede referenciarse con House of Cards, la serie que encabeza Kevin Spacey). Lo dejo al juicio común.

El caso de los diputados (una derivación de la política) es otro ejemplo. Son vilipendiados, ofendidos, deshonrados, agredidos, denigrados, recriminados, envidiados
A los únicos que gustan son a sus allegados, sus parientes (eso, algunos) y a los medios de comunicación (je, je), para tener temas de análisis.

Y en este entendido vale la pena echarle un ojo a los últimos acontecimientos con motivo de las elecciones recientes.

No obstante que el año pasado fueron 12, las gubernaturas en disputa y solo tres en este, la cantidad de horas en medios electrónicos y tinta en los periódicos y revistas, fue inusual. ¿La razón?: el Estado de México. La Joya de la Corona, como le llaman algunos.

Pese a que en las anteriores, se pusieron en juego el gobierno de Entidades importantes como Veracruz, Puebla, Chihuahua, Durango, Tamaulipas, no hubo comparativo con estas. El ingreso, el peso político, el padrón electoral, en conjunto, son superiores. Aun así, las campañas, para bien y para mal, no tuvieron la resonancia de las de junio,
recientes.

El año pasado, por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador casi no hizo presencia, cuantitativa, como en la mexiquense. Si bien existían las entrevistas, los ataques, la exhibición de bondades de candidatas y candidatos, nada fuera de lo normal.

Lo de este año fue el extremo. Se golpearon sin piedad, desde las precampañas. Ah y, quizá, se nos hizo natural. Pero, lo que no vimos, es que casi todos cooperamos para que eso se diera. Las redes sociales jugaron un papel fundamental. Tal vez como nunca en la historia, la gente participó. Algunas veces con esta novedad que se llama Fake News, o falsas noticias, o con datos que pudieran acercarse a la realidad. Pero, todo mundo quería estar en la escena. Si era, o simpatizaba con la oposición, cuando menos para darle un llegue al PRI o al presidente Enrique Peña, si, priista, al revés. Bastaba solo un teclazo al smartphone o a la computadora. Todo, a un dedazo de distancia.

No, no estoy exagerando. Quizá por ello, la banda de las preferencias electorales se corrió un poco. Hasta la pasada contienda, la disputa era entre PRI y PAN. Hoy fue a tercios. Extrañamente, uno de los jugadores (el PAN), se fue hasta la cuarta posición. Su lugar lo ocupó Morena y el tercer puesto siguió en manos del PRD.

Pero todo esto, para las ciencias sociales, es lo de menos. Si ganó alguien y perdieron otros, solo es un suceso.

La política no era así, dijeran los nostálgicos. La trivializaron.

He escuchado a much@s, cuando se refieren a las maneras, a las formas de hacer política de hace algunas décadas. Sobre todo aquellos que hicieron lo necesario por echarle paletadas de tierra a proyectos que fueron exitosos: era un sistema agotado. Válgame Dios.

Continuará

jaimealcantara2005@hotmail.com