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Pita Amor

  • Profesión escritora: Andrea Balanzario

La personalidad exuberante y escandalosa de Guadalupe Amor consiguió —en su momento—, opacar su increíble destreza poética; sin embargo, leer “Pita Amor, la undécima musa”, del doctor Michael Schuessler, invita a apartar de su obra el narcisismo de una niña que creció físicamente, pero jamás entró en el rígido molde social destinado a la mujer del siglo pasado. Una tarde, tal vez aburrida, cogió un lápiz para pintarse las cejas y con este insólito instrumento de escritura salieron los primeros versos de una poesía emotiva y cercana porque intenta responder las preguntas que alguna vez nos hicimos todas: ¿Quién soy, de dónde vengo y adónde voy?
HUMILLANTE VEJEZ

Otrora nacarada belleza y carismática vitalidad, los últimos años de Guadalupe Amor fueron resultado de juventud y madurez alocadas. El joven estudiante de literatura, Michael Schuessler la frecuentó en los últimos años de la poeta. Cuenta en su libro los típicos desplantes, el despótico racismo y otras cualidades de una mujer espectáculo por sí misma, amante de las audiencias, del lujo, del sexo, de los protagonismos y del escándalo. Acostumbrada al lujo y el dispendio, vivió sus últimos años en un departamento de azotea, aunque ella prefiriera llamarlo pent-house, un espacio prestado por la generosidad de un amigo. En el pent-house, el orden de la sala contrastaba violentamente con un triste abandono en el resto del espacio. Así como su última residencia, la personalidad de Pita Amor fue contrastante: poesía pura, vida impura. El desbocado genio poético encontró en las décimas una estructura idónea para expresar el ansia sin fin, la angustia y los miedos; unos irracionales otros muy concretos. Las décimas intercaladas en esta Pita Amor, la undécima musa, provocan en los lectores el interés por conciliar el que una persona, sin duda alguna, caprichosa y superficial, por decir lo menos, contenga en ella poesía tan perfecta.
PRIMEROS AÑOS

Guadalupe Teresa fue la última de los siete hijos de Emmanuel Amor, un hombre bastante mayor y Carolina Schmidtlein García Teruel, su joven esposa. La vida familiar de los Amor Schmitdtlein
estuvo marcada por la expropiación de la mayor hacienda azucarera del Estado de Morelos, y por el fortísimo carácter de la hija menor, aqueja por terrores nocturnos y miedos inexplicables que luego serían temas recurrentes en sus décimas, sonetos y liras. Constantes viajes de las hermanas mayores, acompañadas por alguna muchacha de la servidumbre, a empeñar las joyas familiares fueron, asimismo, motivos de desasosiego para un alma atormentada desde sus primeros años.
POETA, SIN QUERER SERLO

Decía Pita Amor que era más fácil para ella hacer poesía que hablar. Así de extraordinario fue el talento congénito poético en ella. Su obra incluye, entre otros títulos, “Yo soy mi casa”, “Puerta obstinada”, “Círculo de angustia”, “Polvo”, “Décimas a Dios”, “Otro libro de amor”, “Más allá de lo oscuro”, “Sirviéndole a Dios de hoguera”, “Todos los siglos del mundo”, “48 veces Pita” y “Soy dueña del universo”; publicados entre 1946 y 1984. La suya es una poesía a la vez cercana y hermética, pero fácil de leer y sentir la emoción con que fue escrita. No es fácil conseguir ejemplares de los títulos mencionados porque no han tenido suficientes reediciones, pero sí es fácil conseguir “Pita Amor, la undécima musa”, del Dr. M. K. Schuessler; justo acaba de ser reeditado y tiene un precio súper accesible, menos de cincuenta pesos. Conocer el contexto de Pita Amor, hace aún más sobresaliente, su poesía. Es una lectura muy recomendable para estas vacaciones…