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Pobre país

Por Luis Humberto Fernández Fuentes

La elección del Estado de México deja muchas reflexiones, no solo sobre el proceso, sino también por la delicada situación nacional. La elección acabó siendo un breviario de la podredumbre política electoral, el estancamiento, los muy cortos alcances de visión y de cómo la lucha por los espacios de poder se ha vuelto el eje del quehacer público, abdicando a cualquier ambición de proyecto nacional.

La sensación que me queda al final del proceso es que ¡me duele México! Duele la corrupción cínica, que las elecciones sean un asunto de Estado, donde se canalicen todos los recursos no para proponer un proyecto, sino como un mecanismo de defensa de los contratistas. Se utilizaron millones de pesos y de recursos públicos para mantener el poder en la entidad y para que las empresas y los corruptos continúen ganando millones y millones de pesos.

Duele México porque mientras se vacían las arcas del erario público en procesos electorales, el mundo avanza: China en 35 años ha sacado a 800 millones de ciudadanos de la pobreza y para el 2022 la habrá abatido. Países como Ghana y Etiopía cuentan ya con trenes de alta velocidad; Irak, Myanmar, Costa de Marfil, Laos, Tanzania y Cambodia, por mencionar algunos países pobres, están creciendo a tasas entre el 7 y el 10% anual. Mientras que en México la pobreza no ha disminuido, no tenemos un solo tren de alta velocidad y el crecimiento es insignificante.

En México seguimos en el debate de políticas con políticas sin eficacia: el Sistema Penal Acusatorio, que se ha convertido en una puerta giratoria para que entren delincuentes y salgan con mayor facilidad; el combate a la corrupción, si bien tiene avances importantes, también está en riesgo de volverse una simulación; y las instituciones electorales, que no han fortalecido a la democracia, se han vuelto funcionales al poder. Nuestra democracia es cara, de mala calidad y no ha generado certidumbre
alguna.

Vamos por la ruta equivocada, los intereses mezquinos están dominando las decisiones nacionales, sin orientación alguna más allá que el beneficio sectario. El Presidente ha confundido la conducción del país con la designación de su cortesanía en altos cargos, que el diseño constitucional considera deben ser autónomos como es la Suprema Corte o las Fiscalías. ¿Qué va a festejar el PRI? ¿El incremento en las acciones de OHL? ¿El deterioro de las instituciones? ¿El estancamiento? Sólo tiene algo que festejar: posiciones políticas para obtener recursos.

En el supuesto y, si fuera, muy triste caso de que hubiera un nuevo gobernador del PRI en el Estado de México sería la señal de que esta situación continuará. Un gobernador sin una historia de éxito, ni mérito alguno. Más allá de pertenecer a la nobleza mexiquense, lo que sigue será el estancamiento, la pobreza para el pueblo y suculentos contratos para su entourage. La continuidad de este triste estado no me lleva más que a pensar en ¡pobre país!

Más allá de las posiciones y el discurso de lo políticamente correcto son obligadas tres reflexiones: la primera, qué hemos hecho bien y qué hemos hecho mal como nación; la segunda, cómo salir de este círculo vicioso de dinero, elecciones y designaciones que sirvan a intereses; la tercera, cómo la elección del 2018 puede ser un parteaguas para salir de este camino de ruina y recuperar la grandeza nacional.

@LuisHFernandez