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Poco a poco y con paso firme

Maria de los Ángeles Fromow

Recuerdo una plática que tuve, hace unos 10 años, con algún amigo sobre la Justicia en México. Él argumentaba que los mexicanos vivíamos bajo el “yugo” -así lo describía- de las instituciones judiciales.

Que tras el  miedo a la inseguridad reinaba una amenaza mayor: a la justicia, “esa que se compra, no se garantiza”, decía. Que le aterraba manejar en la ciudad, por ejemplo, por miedo a verse involucrado en un accidente en el que interviniera el Ministerio Público. Que ni él ni su familia tenían el dinero contante para hacer frente a las exigencias de policías, peritos, jueces y abogados.

Entonces le cuestioné sobre lo que podría pasar, que si habría una forma de cambiar las cosas en México y él decía que no: que sería imposible por una sencilla razón: “cambiar el Sistema Penal equivaldría a cambiar los sistemas de 32 países”.

Lo que mi viejo amigo no consideraba en ese planteamiento era que, con una sólida dedicación y un equipo centrado y bien dirigido; con un objetivo claro, sería posible cambiar los Sistemas Penales de 32 países, de una nación tan compleja como la mexicana; con vicios tan arraigados y con defectos tan importantes, aunque por supuesto esto tendría que ser poco a poco, con serenidad pero con prisa. Esta idea no era solo de él, por supuesto.

En 2008 la idea de transformar nuestro Sistema Penal se hizo realidad cuando el Congreso de la Unión y los de los estados aprobaron la Reforma Constitucional en materia de Seguridad y Justicia. Todo comenzó con la reforma de 10 artículos de la Constitución.

Para llevar a buen puerto el proyecto era necesario trazar un cambio gradual; esa fue la primera decisión, poco a poco, región por región o delito por delito, las nuevas medidas.

Los objetivos eran ambiciosos: un México en paz mediante un Sistema de Justicia Penal que fuera eficaz, expedito, imparcial y transparente, respetuoso de los derechos humanos tanto de victimas como de imputados.

Poco a poco, instituciones de todo el país se fueron sumando para hacer de esto una realidad. Con ellos se creó el Marco Normativo que requería el nuevo modelo de Justicia: 416 leyes y 352 ordenamientos de los 32 estados se alinearon a la Reforma Constitucional y al Código Nacional de Procedimientos Penales.
Poco a poco

Cada entidad federativa estableció su inicio de vigencia formal de manera gradual ya sea por territorio o por delitos. A nivel federal, iniciaron Durango y Puebla en 2014 y, con la incorporación final, el 14 de junio, de Baja California, Guerrero, Jalisco y Tamaulipas, la Federación está completamente lista para abrazar este nuevo Sistema. Los últimos estados que entran a nivel local lo harán justo el 18 de junio de manera total y con ello se habrá cumplido en tiempo con aquella obligación constitucional. En todo México, en todo su territorio, para todos los delitos, a nivel federal y local estará vigente el Nuevo Sistema de Justicia Penal.

Regreso a aquella charla y veo lo que hemos avanzado. Veo que lo que muchos mexicanos creían imposible, cambiar los paradigmas de un Sistema Penal que era una amenaza más que un bastón para la justicia mexicana, ha dado el primer paso.

El camino sigue. Una vez instalado el nuevo Sistema es necesario evaluarlo, fortalecerlo, engrandecerlo y consolidarlo. Garantizar que sea garante de paz, eficiente, expedito, imparcial y transparente. Pero, sobre todo, confiable. México cumplió y debe seguir cumpliendo.
* Titular de la Secretaría Técnica del Consejo de Coordinación para la Implementación del Sistema de Justicia Penal