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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva
  • México como tema de campaña presidencial

Londres. Siempre, desde que me dedico a observar la dinámica política en Estados Unidos, me ha llamado la atención dos constantes: la primera, que comentócratas y analistas, toman partido por alguno de los dos aspirantes a la Casa Blanca, como si en realidad alguno de ellos, tuviera un notable interés por México. La segunda, que cada cuatro años, “México”, y citando un capítulo del libro Los próximos cien años, de George Friedman, cada vez es tratado más como un desafío que como una oportunidad. Y ahora no sólo será igual, sino peor.

Desde el sexenio de Carlos Salinas, México carece de política exterior. Casi siempre, como sucede notablemente ahora, se confunde a la diplomacia con la promoción de negocios; el servicio exterior, en funciones de receptáculo de políticos con sus bonos a la baja, pero sin ninguna trayectoria o aportación notable a la política exterior. Los resultados están a la vista. Cualquiera que vaya a un foro internacional verá cómo en el concierto latinoamericano, ámbito natural de identidad e interés para nuestro país, no significamos más que un aliado incómodo por cierto, de los intereses de Estados Unidos en la región.

Pero si ese sacrificio, no solicitado ni por nosotros elaborado, tuviera resultados positivos, tal vez, tendría sentido ese deplorable papel. En las Convenciones de los Partidos Republicano y Demócrata, el tema “México”, está asociado, por supuesto a la migración. Poro también, sin duda, a la violencia criminal que se vive en Estados fronterizos de nuestro país. Hillary Rodham Clinton, candidata demócrata, sin ningún reparo anunció que de ganar, el Tratado de Libre Comercio se debe revisar. Pero no por iniciativa propia, sino porque su locuaz adversario, Donald Trump, se encargó y con éxito, de poner el tema en la agenda de sus propuestas. Junto con el incosteable e inviable muro, para el aspirante republicano, México y los mexicanos, sí que somos un peligro para su país.

Pasan los años, pasan los sexenios, pasan las generaciones de mexicanas y mexicanos, y la presencia de nuestro país, que cuenta con una más que privilegiada ubicación geopolítica, dejamos que las inercias y ocurrencias resuelvan problemas estructurales y culturales de fono. Imposible olvidar la banalidad de la “enchilada completa”. O los casi 10 meses sin embajador en Washington, para designar a uno que duraría escasos meses. Así, mientras Estados Unidos, sin mucha relevancia respecto de qué partido gobierne, hay líneas muy claras y consistentes en su política exterior así como la proyección de sus intereses nacionales hacia el mundo.

Vayamos a lo elemental y primario. Si somos la frontera con más pasos y tránsito de vehículos en ambas direcciones en todo el mundo, si la presencia de mexicanos es de 8 de cada 10 de origen latino (según los datos del prestigiado Pew Center), sólo por citar esos dos datos, es evidente que al menos para México, esa realidad debiera convertirse en una absoluta prioridad para proyectar también, la defensa y consolidación de sus intereses en Estados Unidos. Ahora de nueva cuenta, seremos testigos de cómo Trump, se lanzará contra todo lo que signifique la presencia de México en su país, mientras que Rodham Clinton, también desarrollará su crítica sólo que esta la dirigirá hacia algunas políticas, programas y conductas del gobierno mexicano.Así que de nuevo, seremos caracterizados en el debate por la Presidencia de Estados Unidos, más como un desafío, que como una oportunidad. Están en su derecho, desde luego, pero México no puede mantenerse en la inercia e improvisación diplomáticas.
javierolivaposada@gmail.com