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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva
  • Nicaragua: una “república bananera”

 

LONDRES, Inglaterra.- Hace ya muchos años, cuando era estudiante en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, se utilizaba esa despectiva denominación para aquellos regímenes que simulando el ejercicio del voto, en realidad eran unas despiadadas dictaduras. Como la de Daniel Ortega, neosomozista. Los abusos del poder, en una democracia, no son posibles, a partir de que hay una clara y delimitada responsabilidad en cada una de las tareas del Estado.

El anuncio del tirano de Nicaragua, de llevar como compañera de fórmula a su esposa, es la más acabada y expresiva evidencia del extravío de lo que alguna vez fue, una revolución social. Con los medios de comunicación controlados, con la oposición erradicada de los espacios naturales del debate, Ortega ha ido mucho más allá que Nicolás Maduro, en cuanto al desprestigio que significa “gobernar desde la izquierda”. El deterioro de la conciencia del gobernante autoritario, solo tiene parangón con sus evidentes extravagancias al momento de tomar decisiones.

Incluso, como no podía ser de otra manera, sus antiguos compañeros de la revolución, inspirada en los ideales de César Augusto Santiago –por cierto, quien un tiempo radicó en México antes de iniciar su movimiento social, ha quedado en el abandono absoluto. Las condiciones sociales de Nicaragua, extensivas al resto de los países hermanos de Centroamérica, debe ser una muy seria advertencia de la seducción que implica gobernar sin contrapesos. De tal forma, que con la Asamblea (Congreso) y con la Corte de su lado, Daniel Ortega modificó la Constitución para permitir la reelección consecutiva indefinida. Eso sí, sin ninguna oposición legal ni reconocida.

Aunque no lo es, la tiranía de Ortega, avanza hacia la construcción de una isla en medio de la democracia y la pluralidad que incluso se respira en otros Gobiernos, también procedentes de movimiento guerrilleros como en El Salvador. En Latinoamérica, debemos estar muy atentos a lo que ocurre y ocurrirá en Nicaragua, pues de varias formas, impactará y no de la mejor manera, a otras democracias como las de Bolivia y Venezuela.

La pregunta crítica, hecha desde hace muchos años es ¿por qué la izquierda gobernante tiende a enquistarse en el poder y a reproducir las peores actitudes de las dictaduras que con sangre y fuego, combatieron? El distanciamiento, espectro de esos ideales, es por mucho, la afectación más dañina a posiciones que se plantean otro panorama que no sea el libre mercado y la desigualdad como consecuencias naturales de la dinámica histórica.

Las perspectivas de la democracia en Nicaragua, son un asunto de absoluta prioridad para el Continente. Es un mal ejemplo de lo que las visiones medianas del poder, generan a partir de una visión personal y desde luego subjetiva, de lo que es la representación popular. En nuestros países, sabemos mucho y de malas, de esos excesos personalistas. De allí entonces que pueda subrayarse sin temor a exagerar, que la democracia latinoamericana, hoy enfrenta un muy serio desafío desde ese espléndido país que es Nicaragua.

Esperemos que los compatibles ideales del general Sandino, se impongan ante el creciente descrédito de la autocracia del matrimonio Ortega. Ni siquiera en las monarquías, esto sería un tema de debate, pues allí existen instituciones que resguardan la innegable posibilidad de la representación de otra opciones políticas, partidistas e ideológicas.
javierolivaposada@gmail.com