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Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva
  • Trump en Ciudad Juárez

O en cualquier otra ciudad fronteriza. No había ninguna razón, para que como candidato, fuera invitado a la residencia del Poder Ejecutivo. Y menos aún, por favor, hablar desde un podio, con todo y nuestro Escudo Nacional. Cualquier estudiante o novato en Ciencias Sociales y de la práctica política, sabe que los actos del poder, revisten símbolos. Mensajes que deben ser analizados e interpretados con cuidado. Sin ambages, hay que reconocer que la visita de anteayer de Donald Trump fue, infortunada, desorganizada y sobre todo, reflejó la desorientación que hay en el entorno más cercano al presidente Enrique Peña Nieto. No es que en lo personal, quisiera disculparlo, pero la forma en que lo expusieron algunos de sus colaboradores, es lo más cercano a la deslealtad.

Citarlo en alguno de los municipios fronterizos, azotados por la violencia criminal, en muy buena medida, por el consumo insaciable de drogas que hay en Estados Unidos y también al lado del gigantesco y no menos lucrativo negocio del tráfico de armas, hubiera servido de mejor escenario. He leído bastantes artículos. Hay una gran coincidencia respecto de la larga y evidente cadena de fallos, errores e improvisaciones durante la breve y perniciosa visita de Trump; en la política profesional, no en la de café o de las aburridas sobremesas o escenarios de escritorio, cada acto, palabra, gesto y escenario, son detalladamente analizados. La evaluación de uno, dos o más desarrollos de los acontecimientos, permite atender los imprevistos.

Haber invitado a Donald Trump a México y a Los Pinos, fue un grave y profundo error. Como también fue haberle seguido el juego de su lógica de campaña electoral. Me parece, sin exagerar, que la inmadurez e inconsistencia política de nuestro país, ha quedado a la vista del mundo entero. Buscar remediarlo, justificar lo sucedido, solo incrementará la percepción de la desarticulación gubernamental. Por eso mismo, el presidente Enrique Peña Nieto, tiene una nueva e inmejorable oportunidad para ajustar lo necesario en la última parte de su sexenio; la proyección de los intereses nacionales  se percibe en los actos propios de defensa y afirmación de los valores del país. Ayer quedó plenamente demostrado, que la imprecisión o ambigüedad en los actos protocolarios, pueden dañar el prestigio de México y los mexicanos.

Ahora bien. En cuanto a los inmediatos efectos de la visita de Trump en el proceso electoral y campañas en su país, como era de esperar, se perfilaron aún más, las notables diferencias entre las principales candidaturas (pues hay otras dos); el irrealizable muro, no es una simple referencia a una fatua obra de infraestructura; se trata de una metáfora a propósito del miedo al contacto con el exterior, al pavor respecto de las dinámicas inherentes a la humanidad, como lo es y será la migración. Hizo muy bien el presidente Peña Nieto en fijar una postura abierta y explícita de condena, rechazó e indignación. Desde luego que eso no será suficiente. Debemos como Nación, tomar decisiones que hagan valer nuestra posición en un contexto de innegable riesgo para el país. Pues aunque no gane Trump en la cita de las urnas el 8 de noviembre, el daño está hecho y será duradero.

Los resabios subyacentes en amplios sectores de la sociedad en Estados Unidos, soportados en el prejuicio racial y religioso, solo aportarán nuevos focos de tensión, tanto en las relaciones bilaterales con México, como hacia el interior de las dinámicas políticas en ese país. Lo que vimos anteayer, fue tan solo un pequeño detalle de lo que puede pasar ante la inexistencia de parámetros compartidos entre naciones.
javierolivaposada@gmail.com