imagotipo

Poder Nacional

  • Javier Oliva Posada

  • Javier Oliva Posada
  • Sobre el proceso de pacificación en Colombia

Luego de 52 años un violento conflicto, que según cifras proporcionadas por el mismo Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, ascienden a 220 mil los muertos; además de cinco millones de personas desplazadas, así como un número indeterminado de desaparecidos (pero que puede ascender a poco más de 100 mil) lo que da una idea muy clara del sufrimiento que esa sociedad ha padecido. Como una auténtica reliquia de la Guerra Fría, junto con el régimen dictatorial de los hermanos Castro en Cuba, la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ante los sustanciales cambios geopolíticos regionales decidieron tomar el camino de la política, la democracia y la vida institucional.

Sin embargo, no fue una decisión asumida así como con un dejo de gracia. Qué va. Para llegar a este feliz término de la forma de la paz, se recorrió un largo y eficiente camino de medidas y acciones, en donde sobre todo, las Fuerzas Armadas de Colombia consiguieron con paciencia y constancia, ir acotando y neutralizando áreas, líderes, procedimientos y redes de apoyo a las FARC. Basta con recordar que incluso durante la recta final de los acuerdos en La Habana, se dieron varios cruentos enfrentamientos que se saldaron con varios muertos tanto del Ejército como de las FARC.

Sin embargo, también la dinámica social tuvo un papel fundamental en la consumación de los acuerdos. Por una parte, la acción mayoritaria y decidida de los principales partidos políticos, a excepción de la agrupación dirigida por el expresidente Álvaro Uribe, apoyaron las medidas propuestas por Juan Manuel Santos. Por otra parte, las asociaciones de víctimas de la violencia producida por la guerrilla, hicieron un gran esfuerzo para superar diferencias, por demás comprensibles, alimentadas por el dolor, el ánimo de venganza y resentimiento. No hay duda de que su compromiso ha sido la base legitimadora de los acuerdos.

De hecho, la reparación de daños, es uno de los principales puntos a debate, pues tan o más difícil como llegar a la firma de la paz será la construcción de acuerdos en ese sentido. En el plebiscito para ratificar los acuerdos con las FARC, convocado para el 2 de octubre próximo, la suma de voluntades ciudadanas, marcarán la diferencia respecto de una acción unilateral del Gobierno con el antiguo antagonista. En cuanto al papel de las Fuerzas Armadas de Colombia, debió hacer frente a situaciones complejas en los casos demostrados de violaciones a los Derechos Humanos. El Congreso y el Presidente Santos, actuaron en consecuencia para lograr un contexto jurídico adecuado y justo, para los integrantes de las Fuerzas Armadas.

Desafortunadamente para México, nuestra capacidad de gestión y presencia diplomática ha sido en el proceso colombiano, testimonial. Lo que nos indica con precisión la pérdida de influencia en Latinoamérica y el Continente Americano en general. Pero algo que sí podría sernos de mucha utilidad, es analizar con detalle el proceso de construcción de la paz, la participación social y la adecuación de normas jurídicas específicas para tan complejo y delicado acuerdo. Pues similitudes estructurales hay, de eso no hay duda. Por ejemplo, los desplazados o bien, la restitución de bienes, que sin explicación alguna, en nuestro país, tarda varios años. Además, en algunas áreas civiles de seguridad en nuestro país, existe cierta fijación por la dinámica que padece (o padecía) Colombia.

javierolivaposada@gmail.com